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UNAM: Brócoli y col de bruselas ayudan a prevenir 12 tipos de cáncer

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Un estudio publicado por la FES Cuautitlán indicó que estas verduras tienen una sustancia preventiva contra el cáncer

El brócoli y la col de bruselas son dos alimentos que pueden no ser del agrado total de la mayoría de las personas; sin embargo, son más beneficiosas de lo que parecen para nuestra salud general.

La Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, a través de un estudio, explicó que varias verduras (entre ellas el brócoli, coliflor, col y la col de bruselas) contienen propiedades preventivas contra 12 tipos de cáncer, incluidos el de mama, cérvico-uterino y de próstata.

De acuerdo con el estudio, estas verduras tienen una serie de compuestos químicos llamados glucosinolatos; aunque existen 120 tipos diferentes, el brócoli y la col de bruselas tienen el llamado glucobrasibida: éste, particularmente, cuando se ingesta origina un compuesto llamado diindolilmetano que presenta actividad anticancerígena.

Brócoli y col de bruselas deben consumirse crudos

El doctor José Guillermo Penieres Carrillo, encargado del estudio, mencionó que estos alimentos deben consumirse crudos para aprovechar al máximo sus propiedades a favor de la salud humana.

“Por el hecho que un tratamiento térmico sobre ellos ya sea para asar, para freír, para cocer, causa que este compuesto (glucosinolato) o bien la enzima que la transforma se llama mirosinasa, sean desactivados.”, explicó el doctor de la FES Cuautitlán.

De igual manera, aclaró Penieres Carrillo, el consumo de estos alimentos no es una cura para el cáncer: se trata de una opción más para prevenir la aparición de esta enfermedad en algún punto de nuestras vida.

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Descubren que un medicamento para el alcoholismo ayuda a tratar la ceguera

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Se trata de un medicamento usado desde los años 50 y que puede ayudar a tratar casos de degeneración retinal, según la Universidad de California en Berkeley

Científicos de la Universidad de California en Berkeley explicaron este jueves su último hallazgo, por el que un medicamento usado desde los años 50 para controlar el alcoholismo puede ayudar a tratar casos de degeneración retinal que derivan en ceguera.

Según los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 36 millones de personas en todo el mundo son completamente ciegas, mientras que otros 253 millones tienen algún tipo de discapacidad visual.

Uno de los procesos que más comúnmente derivan en degeneración de la retina y, a la larga, en ceguera, se da cuando las células de la retina se vuelven hiperactivas, lo que causa en el paciente una suerte de flashes en la mente.

Según contó el investigador Michael Telias, que fue postdoctorando en Berkeley y ahora es profesor en la Universidad de Rochester (Nueva York), estos flashes pueden bloquearse mediante un medicamento usado desde los años 50 del siglo pasado para tratar casos de alcoholismo, el Disulfiram.

“El Disulfiram bloquea una enzima que sintetiza ácido retinoico, que es el culpable en este tipo de enfermedad degenerativa retinal”, apuntó el investigador, que trabajó en este proyecto junto al profesor Richard Kramer.

Los investigadores trataron a algunos ratones con el medicamento y observaron cómo estos sólo perdieron visión entre el 15% y el 30% de los casos, mientras que los que no habían recibido Disulfiram desarrollaron distintos grados de ceguera en el 90% de los casos.

(Fuente: lasexta)

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Una “planta misteriosa” es declarada como nueva especie en la Amazonia

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La planta fue descubierta en 1973, sin embargo, no pudo ser descrita antes por los científicos hasta ahora. Tras varios análisis de ADN, investigadores lograron obtener una clasificación científica para Aenigmanu alvareziae, una especie que podría ayudar a proteger la selva amazónica frente a la deforestación y el cambio climático

En 1973 el científico Robin. Foster encontró en la selva amazónica de Perú un extraño árbol. Media cerca de 20 pies de altura, contaba con pequeños frutos naranjas y sus ramas eran de diferentes formas. Era muy diferente a todos los que había estudiado a lo largo de su profesión. Recolectó algunas de sus hojas y frutos para ser estudiados, estaba seguro de que podía ser una nueva especie para la ciencia, sin embargo, tras años de estudios junto a varios de sus colegas, no lo pudieron determinar así.

Pero, recientemente y tras varios análisis de ADN, un nuevo grupo de investigadores consiguió establecer que esta especie de planta extraña -descubierta en 1973- sí era una especie nueva para la ciencia. También lograron determinar a qué árbol genealógico pertenece y hasta le dieron un nombre. Los resultados fueron publicados en la revista Taxon.

Robin. Foster, quien trabajó parte de su vida en el Museo Field de Chicago y es investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, cuenta que apenas vio ese arbolito por primera vez, mientras estaba en un sendero del bosque, fue la fruta la que llamó su atención. “Parecía un farolillo chino de color naranja y jugosa cuando estaba madura con varias semillas”, dice a Eureka Alert.

Por eso, no pensó que fuera una especie especial, salvo por el hecho “de que tenía características de plantas en varias familias de plantas diferentes y no encajaba claramente en ninguna familia. Generalmente, puedo decirle a la familia con una mirada rápida, pero no pude ubicar este”, añade.

Como Foster, Nancy Hensold, botánica del Field Museum, tampoco pudo determinar la especie de este nuevo arbolito. Hensold explica que para poder identificarla hirvió los ovarios de las flores y tomó fotografías del polen. “Después de todo eso, todavía no lo sabíamos. Realmente me molestó”, cuenta.

Los restos recolectados por Foster permanecieron guardados en el herbario del Field Museum, una biblioteca de especímenes de plantas secas, durante años mientras encontraban el financiamiento necesario para continuar con sus estudios. Determinar la especie a la que pertenecía era todo un reto para este par de científicos.

Primero, intentaron analizar el ADN de la planta utilizando los especímenes secos. Lo hicieron con la ayuda de Patricia Álvarez-Loayza, una científica que trabaja en el Parque Nacional Manu – donde fue encontrada esta especie-. La labor de Álvarez-Loayza se centraba en realizar un monitoreo constante para encontrar un ejemplar fresco de la planta y así poder analizarlo en el laboratorio de ADN.

“Cuando mi colega Rick Ree ordenó la secuencia y me dijo a qué familia pertenecía, le dije que la muestra debía estar contaminada. Pensé, de ninguna manera, simplemente no podía creerlo“, dice Hensold. Los resultados de ese análisis de ADN mostraron que los parientes más cercanos de la planta pertenecían a la familia Picramniaceae, un problema porque no se parecía en nada a sus parientes más cercanos.

Los investigadores enviaron las muestras obtenidas a Wayt Thomas, curador emérito del Jardín Botánico de Nueva York y experto en la especie Picramniaceae. Thomas, autor principal del artículo en Taxon, recuerda que cuando abrió el paquete y vio los restos de la planta no tenía ningunas características principales ningún ejemplar de esta especie.

Con estudios más detallados encontró que las flores median de 2-3 milímetros de largo y nuevos análisis de ADN finalmente revelaron a qué especie pertenecía. Le pusieron como nombre científico Aenigmanu alvareziae, explican que Aenigmanu significa “misterio del Manu” y que el nombre de la especie es en honor a Patricia Álvarez-Loayza, quien recogió los primeros ejemplares utilizados para el análisis genético.

Esta especie, que acaba de ser descrita por la ciencia, se lleva utilizando durante años en el pueblo indígena Machiguenga. Y, según los investigadores, al obtener una clasificación científica podría ayudar a proteger la selva amazónica frente a la deforestación y el cambio climático.

(Fuente: elespectador)

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El mundo ha perdido el 14 por ciento de sus corales

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  • El informe más extenso sobre el estado de los arrecifes de coral del mundo constituye el resumen más detallado del impacto de las altas temperaturas en los arrecifes, entre ellos los de América Latina y el Caribe.

El informe más extenso sobre el estado de la salud mundial de los arrecifes de coral constituye el resumen más detallado hasta la fecha del impacto de las temperaturas elevadas en los arrecifes del mundo, entre ellos los de América Latina y El Caribe. 

Los arrecifes de coral tan solo cubren el 0,2 por ciento del fondo del océano, no obstante, albergan al menos una cuarta parte de todas las especies marinas. El informe ‘Estado de los arrecifes de coral del mundo: 2020’, alerta de la pérdida de aproximadamente el 14 por ciento del coral del mundo desde 2009, lo que equivale a unos 11.700 kilómetros cuadrados de coral, más que todo el coral vivo de Australia.

“Según los primeros resultados de este trabajo, las Antillas menores parecen experimentar la mayor degradación”, explicó a DW Sandrine Pivard, jefa del Centro de Actividad Regional (CAR) para el Protocolo de Áreas Protegidas y la Vida Silvestre  (Protocolo SPAW). Este centro técnico coordina la Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes de Coral (GCRMN, por sus siglas en inglés), que ha producido el reporte.

Basado en datos de los últimos 40 años, tomados en 12.000 sitios de 73 países y recopilados por más de 300 científicos a través de 2 millones de observaciones individuales, se trata del análisis más extenso de la salud mundial de las 10 regiones con arrecifes de coral en todo el mundo.

“Bonaire, Barbados, Curaçao, Jamaica, Puerto Rico, St. Croix y St. John son los países que más han presentado disminución en el porcentaje de cobertura de corales”, agregó a DW, Gladys Martínez, abogada senior del programa marino de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA).

Igualmente, el Arrecife Mesoamericano, el segundo más grande del mundo después de la Gran Barrera de Coral de Australia y que se extiende entre México, Belice, Guatemala y Honduras, también ha sufrido pérdidas. “Los eventos climáticos que han ido cambiando su forma cíclica desde 1970 ha incrementado el deterioro de la cobertura del Arrecife Mesoamericano de un 65 por ciento a un  12 por ciento de su cobertura coralina”, dijo a DW Oscar Torres, de la Dirección General de Biodiversidad de Honduras.

Un enemigo invisible

Según el informe, la disminución a más largo plazo observada durante la última década coincidió con un aumento persistente de la temperatura. “Los arrecifes de coral del mundo fueron probablemente el primer ecosistema en mostrar daños importantes por el cambio climático”, consideró Pivard.

El reporte muestra que el principal factor de pérdida de coral son los fenómenos de decoloración del coral, es decir, los llamados los eventos de blanqueamiento de coral. “Los eventos de blanqueamiento están directamente relacionados con la acidificación oceánica, la cual es causada por la acumulación de carbono en el agua marina”, recordó Martínez.

En este sentido, el informe destaca el primer evento de blanqueamiento masivo que se produjo en 1998 y que se estima mató 8 por ciento de los corales del mundo, equivalentes a unos 6.500 kilómetros cuadrados de coral. Este suceso tuvo un mayor impacto en el Caribe, el Océano Índico y Japón. 

”Al menos tres grandes perturbaciones ecológicas han tenido un fuerte impacto negativo en los arrecifes de coral del Gran Caribe durante las últimas cinco décadas”, lamentó Pivard.

Igualmente apunta que estos episodios de blanqueamiento masivo de corales son cada vez más frecuentes. “Los eventos puntuales entre 2009 y 2018 causaron la pérdida del 14 por ciento de la cobertura global de corales”, recordó Martínez.

En el caso del Arrecife Mesoamericano, “el índice de severidad del blanqueamiento ha ido en incremento desde el 2015, con un 36 por ciento, en 2018 se incrementó a 50 por ciento, esto indica que la frecuencia y gravedad aumentará exponencialmente anualmente y, en menos de 30 años, la temperatura se incrementará no solo en un grado, sino hasta dos y posiblemente tres”, lamentó el biólogo hondureño.

Por este motivo, Pivard alertó de que “los arrecifes sufrirán un colapso catastrófico a causa del cambio climático en las próximas décadas, a menos que se produzcan reducciones importantes e inmediatas de las emisiones de gases de efecto invernadero”. 

El largo camino a la recuperación

El informe también destacó que se observó cierta mejora en 2019, con arrecifes de coral que recuperaron el 2 por ciento de su cobertura. “Un ejemplo de la recuperación de superficie luego de eventos de mortalidad se dio en la Isla del Coco (Costa Rica), donde en 1987, luego de un fuerte fenómeno del Niño, se llegó a tener una cobertura de coral vivo de apenas el 4 por ciento. Sin embargo, se llegó a encontrar en el 2014 una cobertura de más del 14 por ciento, lo que indica una recuperación significativa”, recalcó Martínez, recordando la creación de fondos y estrategias de financiación para la conservación de estos ecosistemas, así como la inclusión de los arrecifes de coral en la agenda política.

“Al nivel del Caribe, los países contratantes del Protocolo SPAW protegen estrictamente cuatro especies de coral desde su inclusión en el Apéndice II del dicho Protocolo”, recordó Pivard, recalcando que “las economías caribeñas dependen en gran medida de los arrecifes de coral para la alimentación, el ocio y el turismo”.   

Debido a su importancia, pero también a su fragilidad, el informe proporciona una serie de recomendaciones, entre las que destaca la recuperación de las poblaciones de peces herbívoros para alimentarse de las algas de los arrecifes. “El objetivo es restablecer unas condiciones más favorables para la regeneración natural de estos ecosistemas excepcionales”, apuntó Pivard.

Asimismo, Martínez apuntó a “la creación de áreas marinas protegidas para su conservación, un ordenamiento pesquero con un enfoque sostenible y la disminución de los impactos por actividades humanas a través de la aplicación correcta de evaluaciones de impacto ambiental” como otras medidas a llevar a cabo para la protección de estos ecosistemas”. 

(Fuente: DW)

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