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UNAM: 90 años de crecer en libertad y de transformar a México

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La autonomía es un derecho que debemos ejercer y ratificar cotidianamente: con firmeza, con seriedad, con convicción y con determinación: Graue Wichers. Foto: Alex Montúfar.
  • Festejamos el nonagésimo aniversario porque los universitarios, como todos los seres humanos, necesitamos recordar los momentos que son parteaguas de nuestra existencia, Enrique Graue.

Ciudad de México, 03 de marzo de 2020 .- Los recientes acontecimientos políticos y sociales en toda la región de latinoamericana muestran claramente que la autonomía no es un hecho consumado. “Es un derecho que debemos ejercer y ratificar cotidianamente: con firmeza, con seriedad, con convicción y con determinación”, expresó el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Enrique Graue Wichers en su artículo “90 años de la Autonomía Universitaria” publicado en el último número de la revista Forum, del Foro Consultivo Científico y Tecnológico.
 
Añadió, “hoy festejamos el nonagésimo aniversario porque los universitarios, como todos los seres humanos, necesitamos recordar los momentos que son parteaguas de nuestra existencia. Y ha sido gracias a la autonomía que hemos alcanzado la libertad de disentir y de expresarnos, de combatir el autoritarismo, de crecer en libertad y de poder seguir transformando a México”.
 
Historia
 
Después de avatares legislativos e inagotable porfía, en mayo de 1910 se promulgó la Ley Constitutiva de la Universidad Nacional de México, pero en ese mismo año, la Revolución mexicana irrumpió en la vida universitaria y no fueron pocos los que plantearon la necesidad de independizar a la Universidad de la entonces Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes.
 
En octubre de 1917 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se convirtió en la primera escuela de educación superior en nuestro país en obtener el carácter de autónoma; para 1918 lo logró la Universidad de Occidente, hoy Universidad Autónoma de Sinaloa. También, la Universidad del Sureste, hoy Autónoma de Yucatán, en 1922, y de la Universidad de San Luis Potosí, en 1923.
 
“En la Universidad Nacional, la semilla de la autonomía había germinado y solo hacía falta que una lluvia alimentara el crecimiento del tallo de su gobierno independiente”, relata el doctor Graue Wichers.
 
Tras la inconformidad de más de 15 mil estudiantes por un director impuesto, y los cambios en los sistemas de exámenes, la huelga en la universidad no se hizo esperar. En este escenario, la concesión de la autonomía sería uno de los mejores activos para pactar entre la comunidad universitaria y el entonces presidente Portes Gil.
 
La Ley de la Autonomía de 1929 cristalizó el anhelo de esa generación y puso los cimientos y la convicción en los universitarios de defender y proteger los principios básicos de la autodeterminación, sin presiones ajenas a sí misma. Desde entonces existe la Universidad Nacional Autónoma de México. “Podemos imaginarlos satisfechos, convencidos de su lucha, gratificados con los resultados, con el espíritu en alto y con la esperanza en el futuro”.
 
Gracias a esos principios, expresó Graue, la universidad pudo sortear exitosamente las injerencias externas de la década de los años treinta; luchar contra el dogmatismo y las imposiciones políticas y educativas de esa época; transformarse en 1933 y resurgir en 1945 con una nueva Ley Orgánica, que hoy nos rige y brinda estabilidad, concluyó el rector de la Máxima Casa de Estudios.

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CICY: Yucatecos triunfan en feria de ciencias

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Un equipo de jóvenes originarios de Yucatán presentó al mundo su proyecto de investigación científica con el que buscan promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y frenar la pérdida de la diversidad biológica, trabajo que les mereció el reconocimiento de Mención honorífica en la Olimpiada Internacional de Proyectos de Ciencia 2021 (International Science Project Olympiad, Inspo), efectuada en Turquía.

Luna Danae Euan Chab y Farid Rodrigo Gómez Villegas, destacaron de entre 21 equipos con representantes de todo el mundo en la categoría Medioambiente de la Inspo 2021, durante su exposición presentaron al jurado un novedoso protocolo para la propagación y la conservación de la pata de elefante (Beaucarnea pliabilis), una planta endémica de Yucatán que se encuentra amenazada según la NOM-059-SEMARNAT-2010, ya que en las selvas baja caducifolia y mediana subcaducifolia quedan pocos ejemplares de esta especie.

Es importante mencionar que este proyecto fue asesorado por el Miguel Ángel Herrera Alamillo, la doctora Leticia Peraza Echeverría y la química Ileana Borges Argáez, técnicos de investigación de la Unidad de Biotecnología del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) y, a su vez, fue parte de los proyectos participantes del programa de fortalecimiento a las vocaciones científicas Talento CICY, impulsado desde hace casi una década por este Centro.

El equipo de Euan Chab y Gómez Villegas obtuvo su acreditación a este concurso internacional luego de haber participado en Expociencias Yucatán 2020 (obteniendo el primer lugar en la categoría Pandilla Científica Juvenil) y en Expociencias Nacional 2021, realizada en Sonora.

El grupo se preparó con la asesoría del CICY y fue apoyado en todo momento por la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior (SIIES) y la Red Nacional de Actividades Juveniles en Ciencia y Tecnología, instituciones organizadoras de Expociencias Estatal y Nacional, respectivamente.

El CICY reconoce y agradece la iniciativa y el compromiso del gobierno de Yucatán, por impulsar actividades que fortalezcan la cultura y la vocación científica de la niñez y la juventud en la entidad, a través de la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior, encabezada por el maestro Bernardo Cisneros Buenfil, así como al comité organizador de Expociencias Yucatán, liderado por el maestro Ricardo Bello Bolio, director general de Investigación e Innovación de la SIIES, y la ingeniera Carolina Buenfil Pech, jefa del Departamento de Educación para la Ciencia, además del apoyo del Conacyt y, por supuesto, la participación comprometida del personal del Centro.

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Científicos descubren que una rara grasa es capaz de matar las células cancerosas

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Los investigadores demostraron que este ácido graso llamado DGLA desencadena un proceso que es letal para las células cancerosas humanas

Investigadores de Estados Unidos han descubierto que el ácido graso llamado dihomogama-linolénico (DGLA) puede matar las células cancerosas humanas. Se trata de una biomolécula que se encuentra en pequeñas cantidades en el cuerpo humano y rara vez en nuestra dieta.

Jennifer Watts, profesora asociada de la Universidad Estatal de Washington y coautora del estudio publicado el 10 de julio en la revista Developmental Cell, dijo que este descubrimiento tiene muchas implicaciones, incluido un paso hacia un posible tratamiento para el cáncer.

El equipo de científicos demostró que el DGLA puede inducir ferroptosis en las células cancerosas humanas. La ferroptosis es un tipo de muerte celular programada que depende del hierro. Este proceso implica el agotamiento de los antioxidantes intracelulares, lo que causa degradación oxidativa de lípidos, letal para la célula.

“Si pudiera administrar DGLA precisamente a una célula cancerosa, podría promover la ferroptosis y provocar la muerte de las células tumorales”, dijo Watts. “Además, el simple hecho de saber que esta grasa promueve la ferroptosis también podría afectar la forma en que pensamos sobre afecciones como la enfermedad renal y la neurodegeneración en las que queremos prevenir este tipo de muerte celular”, indicó Watts.

En comparación con otros ácidos grasos, como los que se encuentran en el aceite de pescado, la DGLA se ha detectado en muy pocas cantidades en productos de origen animal. Por esa razón, está relativamente poco estudiada.

Descubriendo el potencial del DGLA

Durante casi 20 años, Watts ha estado investigando las dietas de grasas utilizando el Caenorhabditis elegans, un gusano microscópico que se suele usar en la investigación molecular debido a que es transparente y permite estudiar fácilmente la actividad a nivel celular durante su vida útil.

El equipo liderado por Watts descubrió que alimentar a los nematodos con una dieta de bacterias cargadas con DGLA mató a todas las células germinales de los gusanos, así como a las células madre que producen las células germinales. La forma en que murieron las células tenía muchos signos de ferroptosis. Para ver si los resultados se replicarían en células humanas, Watts y Pérez colaboraron con Scott Dixon, de la Universidad de Stanford, quien ha estado estudiando la ferroptosis y su potencial para combatir el cáncer durante muchos años.

El trabajo conjunto de ambos equipos demostró que DGLA podría inducir ferroptosis en células cancerosas humanas. Asimismo, encontraron una interacción con otra clase de ácidos grasos, llamada lípido éter, que tenía un efecto protector contra la DGLA. Cuando sacaron los lípidos de éter, la DGLA “mató” más rápido a las células.

(Fuente: larepublica)

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Identifican las moléculas que frenan la entrada del coronavirus en las células

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Científicos españoles han logrado identificar las moléculas que consiguen frenar la entrada del coronavirus en las células, un descubrimiento que podría abrir la puerta para desarrollar fármacos antivirales eficaces contra el SARS-CoV-2 responsable de la covid-19.

Lo han logrado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que han conseguido identificar distintos compuestos moleculares que impiden esa entrada del coronavirus en las células.

Según explicó el CSIC en una nota de prensa difundida este viernes, esos compuestos moleculares consiguen inhibir la interacción que se produce entre la proteína de la espícula del virus y los receptores celulares.

Estas moléculas actúan en etapas muy tempranas del ciclo replicativo del virus, por lo que podrían impedir la hiperactivación del sistema inmunológico que acaba desencadenando la “tormenta de citoquinas” característica durante el agravamiento de la covid-19.

Los compuestos identificados como inhibidores de la entrada del virus son moléculas propias del grupo de investigación que lidera María Jesús Pérez Pérez, investigadora del CSIC en el Instituto de Química Médica (IQM-CSIC).

“Empleando el símil de la puerta, persiguen bloquear la puerta principal por la que el virus accede al interior celular. De este modo, protegerían a las células de la infección viral”, explicó María Jesús Pérez, que lidera el proyecto junto con Sonsoles Martín Santamaría, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC), Ron Geller, del Instituto de Biología Integrativa y de Sistemas, un centro mixto del CSIC y la Universidad de Valencia (este de España) y Alberto Marina y Vicente Rubio, del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC).

Los investigadores ensayaron los fármacos usando “pseudopartículas” virales con la proteína de la espícula del virus, y a continuación analizaron su capacidad para interferir entre la unión de la proteína de la espícula con el receptor celular y la posterior infección.

“Hemos logrado la inhibición de la entrada del virus a concentraciones bajas sin que se genere toxicidad en las células huésped; esto genera un amplio índice de selectividad, un parámetro que mide la diferencia en concentraciones entre la actividad antiviral y la toxicidad frente a células no infectadas; se trata de un factor importante a la hora de desarrollar fármacos antivirales”, señaló la investigadora del CSIC.

Los compuestos identificados actúan en etapas muy tempranas del ciclo replicativo viral, y al impedir la replicación del virus en la célula, podrían evitar los efectos de la “tormenta de citoquinas” que se produce en los casos más graves.

“Incluso se podría valorar su uso como tratamiento preventivo de la infección. A partir de ahora, se inicia un largo camino que incluye su estudio preclínico y su evaluación de eficacia en un modelo animal”, informó la investigadora.

El proyecto que ha permitido este descubrimiento ha sido financiado por la Plataforma Salud Global del CSIC y el Fondo Supera Covid-19 que pusieron en marcha la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Banco Santander.

(Fuente: rotativo)

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