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¿Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras?

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¿Alguna vez te diste cuenta de que los mosquitos prefieren chupar la sangre de unas personas y tienden a ignorar a otras? A pesar de la creencia popular, esto no significa que tengan la sangre más ‘dulce’.

En realidad, los molestos insectos —que se alimentan de la sangre humana para poder incubar sus huevos— son atraídos por las emisiones de dióxido de carbono y de ácido láctico. Como resultado, suelen picar más a los adultos, pues emiten más dióxido de carbono al respirar y sudar que los niños. Las personas altas y las mujeres embarazadas también están en la zona de riesgo, pues generan más ácido láctico. Al mismo tiempo, se sabe que la piel de algunas personas emite una especie de repelente natural que aleja a los insectos.

El tipo de sangre también influye en la actividad de los mosquitos. Las personas con la sangre del grupo 0 son las más atractivas para estos diminutos insectos: a ellas les pican el doble que a las de los grupos A y B.

Los insectos también prefieren ciertos colores. El negro y el rojo son sus favoritos, mientras que el amarillo y el verde no son de su gusto. Los olores también importan: a los mosquitos les encanta el olor del alcohol —especialmente, el de la cerveza— y los perfumes florales y cítricos.

Pero, ¿qué deberías hacer si te ha atacado un mosquito? Primero, limpia la picadura con agua y jabón. Luego, aplica una compresa de hielo para reducir la inflamación y la comezón. Finalmente, si la hinchazón no se va y te molesta la picadura, tómate un antihistamínico.

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Qué es la viruela de los monos, la extraña enfermedad que preocupa a las autoridades de EU

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Mientras Estados Unidos acelera su proceso de vacunación en contra de la covid-19, funcionarios de Salud informaron que más de 200 personas son buscadas en 27 estados por otra amenaza: la posible infección de una rara enfermedad conocida como la viruela de los monos.

Se teme que estas personas hayan entrado en contacto con un hombre originario del estado de Texas que viajó con la enfermedad desde Nigeria a comienzos de julio.

El hombre que regresó de África, quien sería el primer portador de esta enfermedad en EE.UU. desde 2003, se encuentra internado en el hospital y su condición es estable.

Hasta el momento no se han registrado más casos.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés) informaron que las personas a bordo de dos vuelos que el hombre tomó para regresar al país pueden haber estado expuestas a la enfermedad.

Este pasajero voló primero desde Lagos, Nigeria, a Atlanta (Georgia) el 9 de julio, y luego abordó un vuelo a Dallas, donde fue hospitalizado.

Los CDC señalaron que están trabajando con ambas líneas aéreas para analizar “los riesgos potenciales de aquellos que tuvieron un contacto cercano” con el portador de la enfermedad.

Pero las autoridades añadieron que la obligación de llevar mascarillas, debido al coronavirus, reduce las chances de contagio.

“El riesgo para el público en general, se cree, es bajo”, indicó un portavoz de los CDC, quien añadió que no se teme que ninguno de los otros 200 pasajeros corran serios riesgos.

¿Qué es la viruela de los monos?

La viruela de los monos es una rara enfermedad viral de la misma familia de la viruela, pero menos severa.

Su área de influencia suelen ser las zonas remotas del centro y el este de África, donde hay áreas de tupidos bosques tropicales.

Los síntomas incluyen una fiebre temprana, dolores de cabeza y de espalda, hinchazones, músculos adoloridos y una sensación general de pesadez.

Una vez que empieza la fiebre puede comenzar un sarpullido, generalmente en la cara, que luego se extiende a otras partes del cuerpo, como las palmas de las manos y las plantas de los pies.

La irritación de la piel puede generar una comezón extrema hasta que finalmente se forma una costra que más tarde se cae.

Si el paciente se rasca mucho es posible que queden cicatrices.

Aunque la mayoría de los casos son suaves, como puede ser la varicela, y sus síntomas no suelen durar más de unas pocas semanas, la viruela de los monos también tiene la capacidad de desarrollarse de forma más severa.

Uno de cada 100 casos, según la información de los CDC, puede llegar a ser mortal.

El virus ingresa al cuerpo a través de heridas de la piel, las vías respiratorias, los ojos, la nariz y la boca; pero también puede ser adquirido al entrar en contacto con animales infectados como monos, ratas y ardillas, y también a través de objetos contaminados como indumentaria o ropa de cama.

Casos fuera de África

El mes pasado, tres casos de esta rara enfermedad fueron identificados por primera vez en Reino Unido.

El origen fueron dos personas que también habían volado desde Nigeria; el tercer caso fue un trabajador de la Salud que entró en contacto con uno de los pacientes.

El virus fue identificado por primera vez en un mono cautivo y desde 1970 se han producido brotes esporádicos en diez países africanos.

En 2003, un brote de esta enfermedad en EE.UU. causó decenas de casos, entre confirmados y probables, en lo que fue la primera vez que se registró el accionar del virus fuera de territorio africano.

En su momento, el origen del brote fue vinculado a pequeños mamíferos que habían llegado importados al país y no se registraron víctimas fatales.

(Fuente: BBC)

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Científicos juzgan que si bien concluirá la pandemia el nuevo coronavirus seguirá existiendo

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  • La vacunación nos protege de enfermar por el SARS-CoV-2, un virus con el que la humanidad acabará conviviendo, como ya lo hacemos con los resfriados o la gripe estacional. Y cuanto antes estemos todos vacunados, antes dejará de ser un problema grave

La pandemia se acabará, y para que esto suceda no hará falta que el nuevo coronavirus desaparezca del planeta. La comunidad científica coincide en señalar que el SARS-CoV-2 se convertirá en un virus respiratorio endémico, como ya lo es, por ejemplo, la gripe estacional.

“Probablemente veremos una evolución del virus”, comenta Beatriz Mothe, especialista del servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol en Badalona, cerca de Barcelona. “El virus se irá adaptando”, pronostica.

Los motivos son varios, pero pueden resumirse en dos: la vacunación no eliminará por completo el SARS-CoV-2 y probablemente el virus evolucionará para seguir contagiando de forma más leve, sin matar al huésped.

Por un lado, las vacunas actuales previenen de las formas más graves de la covid-19, pero aún no han demostrado que sean capaces de cortar de raíz la transmisión del virus ni cuánto durará la inmunidad provocada por la vacuna. A pesar de no ser ‘esterilizantes’, numerosos estudios en distintos países han observado cierta protección indirecta gracias a la vacunación. La disminución de las infecciones y de la transmisión del virus se debe a que la carga viral de las personas vacunadas es menor y dura menos tiempo.

Pero, de momento, a lo largo de la historia los programas de vacunación han logrado acabar por completo con dos enfermedades: la viruela y la peste bovina, que no afectaba a los humanos, pero provocó una gran escasez de alimentos.

Por otro lado, los virus necesitan un huésped como los humanos para replicarse y sobrevivir. Por lo tanto, su lógica evolutiva no es la de matar al huésped, sino la de continuar infectando para reproducirse en él.

“Este virus ha venido para quedarse, vamos a seguir conviviendo con él”, asegura Sonia Zúñiga, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CNB-CSIC). Algunos de los factores que incidirán en la conversión del nuevo coronavirus en un viejo conocido son su velocidad de propagación y el ritmo de vacunación.

Un artículo periodístico en la revista Nature añadía otros argumentos que respaldan la tesis de que el coronavirus no desaparecerá de nuestras vidas. Algunos de los factores que pueden reforzar la circulación del SARS-CoV-2 en el planeta son las reticencias de algunas personas a vacunarse y un posible cambio de comportamiento de las ya vacunadas al sentirse más seguras. Por eso es importante que después de vacunarnos sigamos manteniendo las medidas de protección: mascarilla, higiene, ventilación y limitación de las interacciones sociales.

El final de la fase aguda de la pandemia llegará con la generalización de la vacunación, que debe extenderse a todo el mundo. “La respuesta mundial se encuentra en una fase crítica”, advierte un comunicado de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que alerta sobre la desigualdad global de la vacunación y urge a poner fin a la actual pandemia.

Hay estudios que calculan que esto no sucederá hasta 2024 por la distribución desigual de dosis, según el Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke (EE UU).

A partir de entonces, según la hipótesis de una proyección publicada a principios de 2021 en la revista Science, el virus circularía menos y causaría síntomas menos graves.

Los autores de este estudio asemejan el SARS-CoV-2 a otros cuatro coronavirus, ‘primos hermanos’ suyos, que causan el resfriado común; y lo diferencian de sus antecesores SARS-CoV y MERS-CoV, que emergieron en 2002 y 2012.

La fase pospandémica estará influenciada por factores como la reinfección, la estacionalidad y la competición con otros virus para imponerse sobre ellos, según otro trabajo publicado a finales de 2020, también en Science.

Sobrevivir a toda costa: nuevas variantes

La aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2 puede complicar el panorama. A pesar de que muta menos que otros virus, como el de la gripe o el del VIH, ya han surgido nuevas variantes más contagiosas y algunas de ellas más mortales, como ya apuntan algunos estudios. Sus mutaciones se concentran en la proteína S de su corona para engancharse mejor a las células humanas y continuar infectando.

“En cierto sentido, le estamos dando oportunidades al virus para ir adquiriendo nuevas mutaciones y ventajas evolutivas, como nuevas variantes que se transmiten mejor y son capaces de evadir la respuesta inmune”, dice Francisco Díez, investigador del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (CNM-ISCIII).

Por ejemplo, la mutación D614G apareció en enero de 2020 y en medio año acabó siendo la variante dominante en todo el mundo, sustituyendo al virus original que se detectó en China, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esa nueva versión del virus era más infecciosa y transmisible que la anterior. Ahora, todas las variantes actuales provienen de esta.

Una de ellas es la la variante Alpha (B.1.1.7), que suma la mutación N501Y, identificada por primera vez en el sudeste de Inglaterra, que, en menos de dos semanas, ya se había extendido por todo Reino Unido, también según la OMS.

O en Sudáfrica, donde la variante Beta (B.1.351), que incluye otras mutaciones adicionales en la proteína S de la corona, como la E484K y la K417N, se ha asociado con una mayor carga vírica, lo que se traduciría en una capacidad de transmisión mucho mayor, apunta la OMS.

“Estas son las armas que tiene el virus para sobrevivir: modificar su genoma”, explica Díez, que ha estudiado la diversidad genética del nuevo coronavirus en España desde el inicio de la pandemia.

“Si el virus continúa en esta línea es muy difícil de eliminar, como pasa con el virus de la gripe —subraya Zúñiga—. Por eso, esperamos que conviva con nosotros y los casos graves que cause sean cada vez menos”.

Como consecuencia, más allá de las vacunas, que quizás se tendrán que actualizar cada cierto tiempo, los tratamientos también serán clave para tratar los casos más graves, que necesiten atención especial.

(Fuente: SINC)

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La microbiota intestinal potencia el desarrollo cerebral

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Los bebés varones con una composición más alta de una microbiota intestinal particular muestran un desarrollo neurológico mejorado cuando se hacen mayores. Se comprueba de esta forma que las bacterias intestinales pueden potenciar el desarrollo del cerebro.

Una investigación liderada por la Universidad de Alberta, en Canadá, ha verificado que las características de la microbiota intestinal inciden directamente en el desarrollo cerebral de los bebés varones. La diferencia la hacen los bacteroidetes, un tipo de bacteria que genera metabolitos llamados esfingolípidos: los mismos son fundamentales para la formación y estructura de las neuronas en el cerebro.

Los científicos sostienen que luego de realizar un estudio en el que participaron 400 bebés se pudieron obtener evidencias significativas: los niños con una microbiota intestinal que incluía una importante proporción de bacteroidetes mostraron, al pasar un año, habilidades cognitivas y de lenguaje notablemente mejoradas. La investigación, publicada en la revista Gut Microbes, concluye que las bacterias intestinales influyen en el desarrollo de las funciones cerebrales.

Se sabe que la microbiota intestinal es el conjunto de bacterias que viven en el intestino, pero en los últimos años se está descubriendo, poco a poco, su impacto real y la injerencia que tienen en múltiples funciones del organismo. El cerebro no es la excepción, más bien todo lo contrario: diferentes investigaciones están demostrando una estrecha relación entre el funcionamiento del intestino, las bacterias intestinales y el desarrollo cerebral.

En los bebés varones

¿Por qué el estudio enfatiza los resultados en bebés varones? De acuerdo a una nota de prensa, las niñas obtienen generalmente a edades tempranas mejores resultados en las habilidades cognitivas analizadas, presentando al mismo tiempo una mayor probabilidad de contar con una proporción elevada de bacteroidetes en su microbiota intestinal.

En consecuencia, los cambios se hacen significativos en los bebés varones, que no poseen una predisposición especial para integrar a los bacteroidetes en su flora intestinal. En ese universo analizado, los especialistas pudieron comprobar que las condiciones mencionadas producen una optimización en la formación de conexiones neuronales, derivando en mejoras en la cognición y el lenguaje.

Los esfingolípidos son los metabolitos producidos por este tipo específico de bacterias intestinales: constituyen la mielina, una sustancia destinada principalmente a incrementar la velocidad de las señales transmitidas entre las neuronas. De esta manera, cumplen un rol fundamental en el desarrollo de las funciones cerebrales.

Plasticidad cerebral y trastornos neurológicos

Según los responsables de la investigación, existen factores que pueden predisponer a algunos bebés a incrementar o a reducir el porcentaje de bacteroidetes en su flora intestinal. Por ejemplo, un parto por cesárea puede provocar una fuerte disminución. Por otro lado, la lactancia materna, una dieta con predominio de fibra o la exposición a la naturaleza son aspectos que podrían potenciar la presencia de los bacteroidetes en la microbiota intestinal.

Las diferencias se observan en los primeros dos años de vida, un período en el cual el cerebro es especialmente maleable y puede modificarse rápidamente. De esta forma, la composición de la microbiota intestinal tendría un impacto directo en la optimización de las condiciones que promueven una mayor plasticidad cerebral.

Sin embargo, las variaciones en la microbiota intestinal no significan que aquellos niños que no las desarrollen queden en desventaja: aún es necesario comprobar la evolución a lo largo del tiempo y la incidencia de otros factores.

Pero quizás el punto más trascendente de este descubrimiento es que las características de la microbiota intestinal y su relación con la plasticidad cerebral podrían servir para predecir los trastornos del desarrollo neurológico desde una edad temprana, según los científicos. Por ejemplo, el estudio de las bacterias intestinales en los bebés podría indicar una futura aparición de patologías como el autismo o el trastorno por déficit de atención, entre otras posibilidades.

(Fuente: tendencias21)

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