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Muerte y destrucción del sargazo: escenarios naturales de degradación

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*Investigador Posdoctoral CONACyT adscrito a Cinvestav Unidad Mérida

*Investigadora Posdoctoral adscrita a Cinvestav Unidad Mérida

Mérida Yucatán a 19 julio 2021.- La degradación o descomposición de la materia orgánica es un proceso natural que ocurre en el océano y es fundamental para el mantenimiento de la vida marina. Este proceso es responsable de la remineralización de los nutrientes esenciales, principalmente del fósforo, nitrógeno y carbono, tarea que lleva a cabo la comunidad de bacterias heterótrofas.

Cuando los organismos marinos mueren por diversos factores físico-químicos o biológicos, sus tejidos empiezan a fragmentarse para convertirse en residuos o detritus, en forma de materia orgánica sólida particulada (MOP) o disuelta (MOD). Son estos últimos los que la comunidad bacteriana degrada, y corresponden a la fracción < 0.45µm del carbono orgánico de los tejidos del organismo en descomposición. En este texto nos enfocaremos y llamaremos degradación a los procesos post-mortem, desde la pérdida de funcionalidad y liberación de componentes orgánicos del organismo, formación de material particulado y su remineralización.

Conocer la degradación en función del tiempo o del lugar donde ocurre, es de gran utilidad para entender la dinámica de los ecosistemas. Su estudio nos permite comprender algunos aspectos del ciclo de nutrientes en los diferentes ecosistemas, lo que modela su estructura y funcionamiento y determina atributos como la diversidad.

En los ambientes costeros un fenómeno clave que permite la introducción de nutrientes en el ecotono marino-terrestre es la arribazón y degradación de macrófitas marinas (macroalgas y pastos marinos) que por efecto del viento, oleaje, y las corrientes son removidos del lecho marino y depositados en las playas. Este aporte de nutrientes es clave para las especies que habitan el ambiente costero.

En los últimos años las arribazones masivas de macrófitas marinas ocurridas alrededor del mundo (Smetacek & Zingone, 2013), han generado fuertes impactos ecológicos y socioeconómicos por efecto de su degradación desmesurada.

En las costas del Mar Caribe desde 2011 a la fecha, las arribazones masivas de sargazo han incrementado su frecuencia e intensidad (Chávez et al. 2020). El deterioro del paisaje caribeño con sus mares azul turquesa tornándose marrones, y la acumulación de la biomasa de algas en la playa y su degradación, propició la huida del turismo por los malos olores y aspecto desagradable en mares y playas.

El resultado en años subsecuentes ha provocado pérdidas económicas millonarias en la industria turística. De igual magnitud han resultado los daños sobre los ecosistemas costeros y la biota marina, producto del deterioro de las aguas adyacentes a las arribazones, debido a un exceso de materia orgánica particulada (MOP) y nutrientes disueltos que generan aguas turbias y eutrofizadas, provocando una disminución en la penetración de la luz, oxígeno y pH (van Tussenbroek et al. 2017). A pesar de los esfuerzos que las comunidades locales, autoridades y la academia han realizado para la limpieza de las playas y el manejo y aprovechamiento del sargazo, la problemática persiste.

Es evidente que su remoción resulta insuficiente, o bien, es superada por el exceso de biomasa que arriba, por lo que comprender a profundidad la degradación de esta biomasa in situ es crucial. A pesar de ser uno de los detonadores de muchos de los impactos ya mencionados, la degradación es uno de los procesos menos entendidos y subvalorados de las arribazones de sargazo. En las siguientes líneas describimos lo que conocemos sobre su degradación (Cuadro 1), como punto de partida para continuar su estudio y proponer a futuro alternativas de manejo y/o aprovechamiento.

Escenarios de la degradación del sargazo: sumando y sumando

La degradación en mar abierto y a lo largo del recorrido de las masas flotantes de sargazo, también llamado sargazo pelágico, resulta imperceptible, ya que ocurre en fragmentos de alga senescentes a partir de los cuales los nutrientes pueden ser remineralizados y aprovechados por el mismo ecosistema flotante, o bien, son exportados fuera del sistema o diluidos por las corrientes en el mar circundante. La historia es muy diferente en la costa, cuando el sargazo se acumula en la playa.

En principio, el sargazo pelágico que se acerca a la zona costera puede ser depositado en las playas, y si arriba poca biomasa, el exceso de irradiación solar y elevadas temperaturas, lo secan rápidamente. Si no ocurre una llegada constante o excesiva de material, en un día o dos la biomasa termina seca y adquiere un color marrón oscuro, que eventualmente se degradará a una tasa muy lenta (Fig. 1. escenario E1, cuadro 2). En este escenario (E1), la biomasa varada, no representa ningún peligro aparente al ecosistema, y es un fenómeno común en meses de poca arribazón, principalmente coincidiendo con los meses fríos; tan es así, que suele confundirse con sargazo bentónico (adherido al sustrato), o con pastos marinos, y representa un ciclo natural de introducción de nutrientes al ambiente costero.

Este panorama cambia considerablemente si ocurre una arribazón más frecuente y en mayor cantidad (Fig. 1, Escenario E2, cuadro 2). La biomasa acumulada tiende a formar montículos o franjas en la línea de costa, principalmente durante los meses de mayor arribazón (primavera-verano). En este escenario (E2), la biomasa superficial corre la misma suerte que en el escenario E1, pero su estratificación en capas permite mantener un cierto grado de humedad, alimentada por el rocío de las olas y la llegada de nuevo material algal.

Al interior de estos montículos, la reducción de la luz y el oxígeno, sumadas a la humedad, propician la muerte del alga, iniciando y acelerando su descomposición en pocos días. Estas condiciones promueven su fragmentación, la formación de detritus y por ende la liberación de algunos de sus componentes celulares, principalmente fenoles. Con el tiempo, el proceso de degradación continúa, generando material particulado y disuelto, sustrato perfecto para las comunidades bacterianas.

Una vez degradada, esta materia orgánica proveniente del alga puede exportarse a la columna de agua, infiltrarse o bien, acumularse en el sedimento. Al conjunto de procesos que ocurre fuera de la columna de agua, les denominaremos degradación en emersión. No obstante, si la acumulación de sargazo persiste a lo largo del tiempo, con arribazones constantes y masivas, el espacio en la playa resulta insuficiente, y la biomasa se acumula también en la columna de agua adyacente (Fig. 1, 2, Escenario E3, cuadro 2). Bajo estas condiciones, la tasa de degradación que describimos en los escenarios E1 y E2 y la exportación natural del material por vientos, lluvias o enterramiento se ven superadas por la acumulación masiva.

En este escenario E3, la degradación en emersión continua, y las condiciones del sargazo presente en la columna de agua provocan su muerte y hundimiento, lo que propicia un segundo proceso de degradación en condiciones de inmersión, que ocurre de manera simultánea al de emersión. Durante las condiciones de inmersión, la liberación de compuestos fenólicos en el agua de mar, resultado del estrés fisiológico, preceden a su inevitable muerte y descomposición. La materia orgánica en suspensión, junto con los fenoles son responsables del color ámbar-café en el agua descritos en el escenario E3 (Kirk, 2011). Es muy probable que los fenoles se liberen también durante la emersión pero que solo sean visibles cuando la biomasa esté en contacto con la columna de agua.

En el escenario E3, es difícil discernir qué componente (inmersión / emersión) tiene mayor afectación sobre el ecosistema, pues todos los procesos ocurren simultáneamente. Pudiera ser que los procesos de fragmentación en emersión e inmersión difieran en la producción de detritus, y por tanto en el aporte que ofrecen a la comunidad bacteriana.

Adicionalmente en E3 podría ocurrir una resuspensión del material ya depositado en la playa, que se hunde al perder sus vesículas de flotación y que ya se encuentra en degradación formando una cama sobre los pastos marinos (Fig. 2).

Aunque aún se desconocen en detalle las fases de la degradación del sargazo en la playa, son claros los cambios que ocurren en la biomasa a lo largo del tiempo. Es común observar franjas de distinta coloración (Fig. 2 a, b) que corresponden tanto al grado de humedad, como al de degradación y liberación de compuestos orgánicos presentes en el sargazo.

Es probable que al morir el alga, las proteínas y pigmentos sean los componentes que se degraden primero, aunado a la liberación de fenoles, mientras que los compuestos ricos en carbono, como los polisacáridos y carbohidratos, tardarían más tiempo en descomponerse, otorgándole a la materia en descomposición su color negro característico (Fig. 2c). Por lo anterior, es indispensable estudiar los cambios en los componentes bioquímicos que ocurren en el tejido algal durante el proceso de degradación, tanto en condiciones de emersión como en inmersión.

En lo referente al detritus algal, se sabe que el 50% de éste se pierde entre 50 y 200 días (tiempo menor que en plantas terrestres). En general, las tasas de degradación de los organismos fotosintéticos se incrementan en función de la cantidad N y P del detrito, o bien, por decrementos en las razones C:N y C:P (Enríquez et al.1993). Entre las macroalgas existen diferencias significativas en el contenido de C, N, y P, ya sean oportunistas, de crecimiento rápido, o perennes, de crecimiento lento y de mayor complejidad estructural. Aunque el sargazo pelágico se considera una especie de crecimiento rápido, es morfológicamente complejo y rico en carbono, difiriendo de algas oportunistas como la lechuga de mar (Ulva) que se degradan rápidamente. Los bajos valores de N y P y las altas razones de C:N, de hasta 40, en el sargazo pelágico estudiado suponen tasas de degradación lentas, pero se desconocen.

Perspectivas de experimentación

¿Qué tan rápido y cómo se degrada el sargazo? ¿Cuáles son las condiciones que promueven y limitan o evitan su degradación? ¿Qué compuestos son liberados al medio y cómo se modifica la composición química del alga durante el proceso de degradación? ¿Cuál es el papel de la comunidad bacteriana (microbioma) bajo condiciones de emersión/inmersión? ¿Existe toxicidad en los compuestos que se liberan? son preguntas que la comunidad en general, científica y autoridades, deberían formularse para poder entender de manera precisa el proceso de degradación del sargazo y sus efectos, con el fin de definir estrategias de manejo adecuadas. Por tal motivo, urge estudiar todos los factores involucrados en el proceso desde distintas aproximaciones.

La información obtenida in situ o de campo, es crítica para plantearnos hipótesis de trabajo experimentales que nos ayuden a responder lo que ocurre. No obstante, la descripción del proceso de degradación de manera controlada, ya sea emulando las condiciones naturales o bajo condiciones óptimas que permitan un control efectivo de estos procesos, son una opción viable para complementar su estudio.

En el laboratorio de Ficología Aplicada y Ficoquímica Marina del Cinvestav Unidad Mérida se ha trabajado sobre la valorización de la biomasa de sargazo desde 2017. Recientemente, con trabajo experimental en el laboratorio, se ha evaluado el crecimiento y la degradación de una de las especies mayoritarias. También hemos podido confirmar que bajo condiciones de estrés lumínico e hidrodinámico se produce una fuerte y constante liberación de fenoles, lo que conduce a la senescencia y pérdida de biomasa y posterior degradación inducida. Simulando su degradación en inmersión y emersión, hemos caracterizado químicamente los componentes sólidos (material particulado) y disueltos en agua (lixiviados) de la biomasa en degradación.

Esta información nos puede dar pistas acerca de los compuestos y la dinámica de nutrientes liberados durante la degradación del sargazo. La información generada permitirá establecer posibles estrategias de manejo o dilucidar la ventana de tiempo para aprovechar el recurso antes de que la biomasa empiece a degradarse. Hasta ahora, la incertidumbre en la frecuencia y magnitud de los eventos de arribazón, variación en la calidad de los compuestos aprovechables, los costos de transporte del recurso y la falta de infraestructura para su procesamiento hacen difícil su aprovechamiento.

La comunidad científica ha insistido en que son pocas las oportunidades que el planeta nos da para hacer mejor las cosas. Después de 10 años de la primera arribazón masiva en el Caribe, habría que revalorar si lo que estamos haciendo para entender y mitigar el fenómeno del sargazo ha dado frutos o se ha convertido una oportunidad pasajera para hacer ciencia que quedará en el guardarropa.

Literatura citada

Chávez, V., Uribe-Martínez, A., Cuevas, E., Rodríguez-Martínez, R. E., van Tussenbroek, B. I., Francisco, V., … Silva, R. (2020). Massive influx of pelagic Sargassum spp. on the coasts of the Mexican Caribbean 2014–2020: Challenges and opportunities. Water, 12(10), 2908. https://doi.org/10.3390/w12102908

Enríquez S, Duarte CM, Sand-Jensen K. (1993). Patterns in decomposition rates among photosynthetic organisms: The importance of detritus C:N:P content. Oecologia, 94(4), 457–471.

Kirk, J. T. O. (2011). Light and photosynthesis in aquatic ecosystems. Reino Unido: Cambridge University Press.

Smetacek, V., & Zingone, A. (2013). Green and golden seaweed tides on the rise. Nature, 504, 84. https://doi.org/10.1038/nature12860

van Tussenbroek, B. I., Hernández Arana, H. A., Rodríguez-Martínez, R. E., Espinoza-Avalos, J., Canizales-Flores, H. M., González-Godoy, C. E., … Collado-Vides, L. (2017). Severe impacts of brown tides caused by Sargassum spp. On near-shore Caribbean seagrass communities. Marine Pollution Bulletin, 122(1–2), 272–281. https://doi.org/10.1016/j.marpolbul.2017.06.057

(Fuente: Román Manuel VásquezElizondo y Erika Vázquez-Delfín)

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Qué es la viruela de los monos, la extraña enfermedad que preocupa a las autoridades de EU

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Mientras Estados Unidos acelera su proceso de vacunación en contra de la covid-19, funcionarios de Salud informaron que más de 200 personas son buscadas en 27 estados por otra amenaza: la posible infección de una rara enfermedad conocida como la viruela de los monos.

Se teme que estas personas hayan entrado en contacto con un hombre originario del estado de Texas que viajó con la enfermedad desde Nigeria a comienzos de julio.

El hombre que regresó de África, quien sería el primer portador de esta enfermedad en EE.UU. desde 2003, se encuentra internado en el hospital y su condición es estable.

Hasta el momento no se han registrado más casos.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés) informaron que las personas a bordo de dos vuelos que el hombre tomó para regresar al país pueden haber estado expuestas a la enfermedad.

Este pasajero voló primero desde Lagos, Nigeria, a Atlanta (Georgia) el 9 de julio, y luego abordó un vuelo a Dallas, donde fue hospitalizado.

Los CDC señalaron que están trabajando con ambas líneas aéreas para analizar “los riesgos potenciales de aquellos que tuvieron un contacto cercano” con el portador de la enfermedad.

Pero las autoridades añadieron que la obligación de llevar mascarillas, debido al coronavirus, reduce las chances de contagio.

“El riesgo para el público en general, se cree, es bajo”, indicó un portavoz de los CDC, quien añadió que no se teme que ninguno de los otros 200 pasajeros corran serios riesgos.

¿Qué es la viruela de los monos?

La viruela de los monos es una rara enfermedad viral de la misma familia de la viruela, pero menos severa.

Su área de influencia suelen ser las zonas remotas del centro y el este de África, donde hay áreas de tupidos bosques tropicales.

Los síntomas incluyen una fiebre temprana, dolores de cabeza y de espalda, hinchazones, músculos adoloridos y una sensación general de pesadez.

Una vez que empieza la fiebre puede comenzar un sarpullido, generalmente en la cara, que luego se extiende a otras partes del cuerpo, como las palmas de las manos y las plantas de los pies.

La irritación de la piel puede generar una comezón extrema hasta que finalmente se forma una costra que más tarde se cae.

Si el paciente se rasca mucho es posible que queden cicatrices.

Aunque la mayoría de los casos son suaves, como puede ser la varicela, y sus síntomas no suelen durar más de unas pocas semanas, la viruela de los monos también tiene la capacidad de desarrollarse de forma más severa.

Uno de cada 100 casos, según la información de los CDC, puede llegar a ser mortal.

El virus ingresa al cuerpo a través de heridas de la piel, las vías respiratorias, los ojos, la nariz y la boca; pero también puede ser adquirido al entrar en contacto con animales infectados como monos, ratas y ardillas, y también a través de objetos contaminados como indumentaria o ropa de cama.

Casos fuera de África

El mes pasado, tres casos de esta rara enfermedad fueron identificados por primera vez en Reino Unido.

El origen fueron dos personas que también habían volado desde Nigeria; el tercer caso fue un trabajador de la Salud que entró en contacto con uno de los pacientes.

El virus fue identificado por primera vez en un mono cautivo y desde 1970 se han producido brotes esporádicos en diez países africanos.

En 2003, un brote de esta enfermedad en EE.UU. causó decenas de casos, entre confirmados y probables, en lo que fue la primera vez que se registró el accionar del virus fuera de territorio africano.

En su momento, el origen del brote fue vinculado a pequeños mamíferos que habían llegado importados al país y no se registraron víctimas fatales.

(Fuente: BBC)

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Científicos juzgan que si bien concluirá la pandemia el nuevo coronavirus seguirá existiendo

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  • La vacunación nos protege de enfermar por el SARS-CoV-2, un virus con el que la humanidad acabará conviviendo, como ya lo hacemos con los resfriados o la gripe estacional. Y cuanto antes estemos todos vacunados, antes dejará de ser un problema grave

La pandemia se acabará, y para que esto suceda no hará falta que el nuevo coronavirus desaparezca del planeta. La comunidad científica coincide en señalar que el SARS-CoV-2 se convertirá en un virus respiratorio endémico, como ya lo es, por ejemplo, la gripe estacional.

“Probablemente veremos una evolución del virus”, comenta Beatriz Mothe, especialista del servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol en Badalona, cerca de Barcelona. “El virus se irá adaptando”, pronostica.

Los motivos son varios, pero pueden resumirse en dos: la vacunación no eliminará por completo el SARS-CoV-2 y probablemente el virus evolucionará para seguir contagiando de forma más leve, sin matar al huésped.

Por un lado, las vacunas actuales previenen de las formas más graves de la covid-19, pero aún no han demostrado que sean capaces de cortar de raíz la transmisión del virus ni cuánto durará la inmunidad provocada por la vacuna. A pesar de no ser ‘esterilizantes’, numerosos estudios en distintos países han observado cierta protección indirecta gracias a la vacunación. La disminución de las infecciones y de la transmisión del virus se debe a que la carga viral de las personas vacunadas es menor y dura menos tiempo.

Pero, de momento, a lo largo de la historia los programas de vacunación han logrado acabar por completo con dos enfermedades: la viruela y la peste bovina, que no afectaba a los humanos, pero provocó una gran escasez de alimentos.

Por otro lado, los virus necesitan un huésped como los humanos para replicarse y sobrevivir. Por lo tanto, su lógica evolutiva no es la de matar al huésped, sino la de continuar infectando para reproducirse en él.

“Este virus ha venido para quedarse, vamos a seguir conviviendo con él”, asegura Sonia Zúñiga, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CNB-CSIC). Algunos de los factores que incidirán en la conversión del nuevo coronavirus en un viejo conocido son su velocidad de propagación y el ritmo de vacunación.

Un artículo periodístico en la revista Nature añadía otros argumentos que respaldan la tesis de que el coronavirus no desaparecerá de nuestras vidas. Algunos de los factores que pueden reforzar la circulación del SARS-CoV-2 en el planeta son las reticencias de algunas personas a vacunarse y un posible cambio de comportamiento de las ya vacunadas al sentirse más seguras. Por eso es importante que después de vacunarnos sigamos manteniendo las medidas de protección: mascarilla, higiene, ventilación y limitación de las interacciones sociales.

El final de la fase aguda de la pandemia llegará con la generalización de la vacunación, que debe extenderse a todo el mundo. “La respuesta mundial se encuentra en una fase crítica”, advierte un comunicado de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que alerta sobre la desigualdad global de la vacunación y urge a poner fin a la actual pandemia.

Hay estudios que calculan que esto no sucederá hasta 2024 por la distribución desigual de dosis, según el Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke (EE UU).

A partir de entonces, según la hipótesis de una proyección publicada a principios de 2021 en la revista Science, el virus circularía menos y causaría síntomas menos graves.

Los autores de este estudio asemejan el SARS-CoV-2 a otros cuatro coronavirus, ‘primos hermanos’ suyos, que causan el resfriado común; y lo diferencian de sus antecesores SARS-CoV y MERS-CoV, que emergieron en 2002 y 2012.

La fase pospandémica estará influenciada por factores como la reinfección, la estacionalidad y la competición con otros virus para imponerse sobre ellos, según otro trabajo publicado a finales de 2020, también en Science.

Sobrevivir a toda costa: nuevas variantes

La aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2 puede complicar el panorama. A pesar de que muta menos que otros virus, como el de la gripe o el del VIH, ya han surgido nuevas variantes más contagiosas y algunas de ellas más mortales, como ya apuntan algunos estudios. Sus mutaciones se concentran en la proteína S de su corona para engancharse mejor a las células humanas y continuar infectando.

“En cierto sentido, le estamos dando oportunidades al virus para ir adquiriendo nuevas mutaciones y ventajas evolutivas, como nuevas variantes que se transmiten mejor y son capaces de evadir la respuesta inmune”, dice Francisco Díez, investigador del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (CNM-ISCIII).

Por ejemplo, la mutación D614G apareció en enero de 2020 y en medio año acabó siendo la variante dominante en todo el mundo, sustituyendo al virus original que se detectó en China, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esa nueva versión del virus era más infecciosa y transmisible que la anterior. Ahora, todas las variantes actuales provienen de esta.

Una de ellas es la la variante Alpha (B.1.1.7), que suma la mutación N501Y, identificada por primera vez en el sudeste de Inglaterra, que, en menos de dos semanas, ya se había extendido por todo Reino Unido, también según la OMS.

O en Sudáfrica, donde la variante Beta (B.1.351), que incluye otras mutaciones adicionales en la proteína S de la corona, como la E484K y la K417N, se ha asociado con una mayor carga vírica, lo que se traduciría en una capacidad de transmisión mucho mayor, apunta la OMS.

“Estas son las armas que tiene el virus para sobrevivir: modificar su genoma”, explica Díez, que ha estudiado la diversidad genética del nuevo coronavirus en España desde el inicio de la pandemia.

“Si el virus continúa en esta línea es muy difícil de eliminar, como pasa con el virus de la gripe —subraya Zúñiga—. Por eso, esperamos que conviva con nosotros y los casos graves que cause sean cada vez menos”.

Como consecuencia, más allá de las vacunas, que quizás se tendrán que actualizar cada cierto tiempo, los tratamientos también serán clave para tratar los casos más graves, que necesiten atención especial.

(Fuente: SINC)

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La microbiota intestinal potencia el desarrollo cerebral

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Los bebés varones con una composición más alta de una microbiota intestinal particular muestran un desarrollo neurológico mejorado cuando se hacen mayores. Se comprueba de esta forma que las bacterias intestinales pueden potenciar el desarrollo del cerebro.

Una investigación liderada por la Universidad de Alberta, en Canadá, ha verificado que las características de la microbiota intestinal inciden directamente en el desarrollo cerebral de los bebés varones. La diferencia la hacen los bacteroidetes, un tipo de bacteria que genera metabolitos llamados esfingolípidos: los mismos son fundamentales para la formación y estructura de las neuronas en el cerebro.

Los científicos sostienen que luego de realizar un estudio en el que participaron 400 bebés se pudieron obtener evidencias significativas: los niños con una microbiota intestinal que incluía una importante proporción de bacteroidetes mostraron, al pasar un año, habilidades cognitivas y de lenguaje notablemente mejoradas. La investigación, publicada en la revista Gut Microbes, concluye que las bacterias intestinales influyen en el desarrollo de las funciones cerebrales.

Se sabe que la microbiota intestinal es el conjunto de bacterias que viven en el intestino, pero en los últimos años se está descubriendo, poco a poco, su impacto real y la injerencia que tienen en múltiples funciones del organismo. El cerebro no es la excepción, más bien todo lo contrario: diferentes investigaciones están demostrando una estrecha relación entre el funcionamiento del intestino, las bacterias intestinales y el desarrollo cerebral.

En los bebés varones

¿Por qué el estudio enfatiza los resultados en bebés varones? De acuerdo a una nota de prensa, las niñas obtienen generalmente a edades tempranas mejores resultados en las habilidades cognitivas analizadas, presentando al mismo tiempo una mayor probabilidad de contar con una proporción elevada de bacteroidetes en su microbiota intestinal.

En consecuencia, los cambios se hacen significativos en los bebés varones, que no poseen una predisposición especial para integrar a los bacteroidetes en su flora intestinal. En ese universo analizado, los especialistas pudieron comprobar que las condiciones mencionadas producen una optimización en la formación de conexiones neuronales, derivando en mejoras en la cognición y el lenguaje.

Los esfingolípidos son los metabolitos producidos por este tipo específico de bacterias intestinales: constituyen la mielina, una sustancia destinada principalmente a incrementar la velocidad de las señales transmitidas entre las neuronas. De esta manera, cumplen un rol fundamental en el desarrollo de las funciones cerebrales.

Plasticidad cerebral y trastornos neurológicos

Según los responsables de la investigación, existen factores que pueden predisponer a algunos bebés a incrementar o a reducir el porcentaje de bacteroidetes en su flora intestinal. Por ejemplo, un parto por cesárea puede provocar una fuerte disminución. Por otro lado, la lactancia materna, una dieta con predominio de fibra o la exposición a la naturaleza son aspectos que podrían potenciar la presencia de los bacteroidetes en la microbiota intestinal.

Las diferencias se observan en los primeros dos años de vida, un período en el cual el cerebro es especialmente maleable y puede modificarse rápidamente. De esta forma, la composición de la microbiota intestinal tendría un impacto directo en la optimización de las condiciones que promueven una mayor plasticidad cerebral.

Sin embargo, las variaciones en la microbiota intestinal no significan que aquellos niños que no las desarrollen queden en desventaja: aún es necesario comprobar la evolución a lo largo del tiempo y la incidencia de otros factores.

Pero quizás el punto más trascendente de este descubrimiento es que las características de la microbiota intestinal y su relación con la plasticidad cerebral podrían servir para predecir los trastornos del desarrollo neurológico desde una edad temprana, según los científicos. Por ejemplo, el estudio de las bacterias intestinales en los bebés podría indicar una futura aparición de patologías como el autismo o el trastorno por déficit de atención, entre otras posibilidades.

(Fuente: tendencias21)

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