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Investigadores mexicanos descubren que el cuachalalate ayuda inmunológicamente a combatir el cáncer

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La investigación se encuentra realizando pruebas preclínicas del uso en conjunto de los ácidos anacárdicos del cuachalalate

De acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud, en 2020 se registraron 20 millones de nuevos casos de cáncer y 10 millones de pacientes perdieron la vida. Por si esto no fuera suficiente, señalan que la carga de esta enfermedad aumentará un 60 por ciento durante las próximas dos décadas, lo cual es un panorama no muy alentador. Pero por fortuna las investigadores del Cinvestav hallaron que uno de los alimentos que se descubrió podría beneficiar a pacientes sería el cuachalalate.

Recientemente, una investigación del Departamento de Toxicología del Cinvestav, demostró que un compuesto del cuachalalate, una planta utilizada en medicina tradicional mexicana, como el agente gastroprotector y auxiliar en enfermedades vasculares, promueve la muerte de células tumorales, al tiempo que estimula al sistema inmune para hacer frente a distintos tipos de cáncer.

Libia Vega Loyo, líder de la investigación, sostuvo que los beneficios del cuachalalate se deben a su contenido de ácido anacárdico 6-pentadecil salicílico, el cual promueve la muerte programada (apoptosis) de las células tumorales sin afectar las normales. De acuerdo con una publicación del Cinvestav, el método utilizado para terminar con células enfermas es por medio de inflamación o necrosis lo que produce daños importantes en los tejidos, así como los efectos secundarios en un tratamiento de cáncer.

¿Cómo ayuda el cuachalalate a los pacientes con cáncer?

Con el ácido 6-pentadecil salicílico, que contiene la planta, no mueren las células normales, sólo se expanden más despacio y se inducen a un arresto de la proliferación. Además, la investigadora explicó que este compuesto es capaz de estimular el sistema inmune y se observó cómo el ácido 6-pentadecil salicílico, tiene una función muy específica de fosforilación sobre ciertas proteínas o cinasas, donde el papel que juega es dar la señal a componentes importantes del sistema inmune (macrófagos) para ser más reactivos y puedan responder rápidamente a retos que se les presentan.

A diferencia de fármacos utilizados en tratamiento para combatir el cáncer de mama, como el taxol, tienen como desventaja ser muy tóxico para el sistema inmune del paciente, pues lo deja inmunosuprimido, porque mata células de la médula ósea y disminuye la cantidad de células blancas en la sangre, provocando mayor susceptibilidad a infecciones el cuachalalate no violenta a las células inmunológicas, lo cual lo hacen un compuesto muy seguro.

Por el momento, la investigación se encuentra realizando pruebas preclínicas del uso en conjunto de los ácidos anacárdicos del cuachalalate con otros antineoplásicos clásicos empleados en la clínica como el carboplatino, el cisplatino, el taxol y el 5-fluorouracilo; además, han encontrado una sinergia importante con el carboplatino para reducir más eficientemente tumores de mama.

(Fuente: gastrolabweb)

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Descubren que los virus que infectan a bacterias se comunican para contagiar

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Un grupo de investigación del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto que los virus o bacteriófagos que infectan a las bacterias pueden comunicarse entre sí para establecer estrategias de contagio.

Según informó este miércoles el CSIC, los resultados del estudio, donde colaboraron investigadores del Imperial College de Londres, demostraron que, aunque se desconoce la función biológica de esta comunicación, el hallazgo podría utilizarse para activar estos microorganismos contra bacterias patógenas o resistentes a antibióticos.

Los bacteriófagos (también llamados fagos) son los organismos más abundantes de la Tierra. Son virus que sólo infectan a las bacterias con estrategias que varían según sus ciclos de vida: lisis o lisogenia. En el ciclo lítico, tras infectar a la bacteria se multiplican generando múltiples copias que se vierten al medio al destruir (lisar) la bacteria infectada.

En el lisogénico, se integran en el genoma de la bacteria sin dañarla, pasando a formar parte de ella durante generaciones. En este estado pueden recibir una señal activadora y pasar al ciclo lítico, generando nuevas copias y destruyendo la célula hospedadora, algo similar a los virus del herpes o hepatitis delta en humanos.

Los fagos pueden elegir entre ambas estrategias, aunque en la mayor parte de los casos se desconocen las razones.

Los científicos aseguraron que aún queda por dilucidar la función biológica de esa comunicación, es decir, si los fagos la utilizan para cooperar, engañar (difundiendo fake-news al entorno) o competir.

En este sentido, el investigador del IBV, Alberto Marina, aseguró que en el terreno de las aplicaciones del estudio, “los resultados obtenidos permitirían utilizar el sistema arbitrium dentro del campo de la terapia fágica, que consiste en utilizar a los fagos para luchar contra bacterias patogénicas o multirresistentes a antibióticos, respetando a las bacterias comensales y beneficiosas. Es decir, utilizarlos como antibióticos de altísima precisión”.

(Fuente: lavanguardia)

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El veneno de una caracola se utiliza para crear nuevos fármacos para la diabetes

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A partir de la toxina del molusco se sintetiza insulina de acción rápida

Si queremos coger un cono de mar vivo en la orilla por el gusto de coleccionarlo tendremos que ser cautos, pues algunos poseen un dardo lleno de veneno fulminante que puede causar la muerte. Conocer por qué esta sustancia afecta con suma rapidez a partes esenciales del organismo podría inspirar medicamentos que salven vidas: el veneno del cono marino contiene insulina, una hormona que ayuda a las células a metabolizar la glucosa de la sangre y que muchas personas diabéticas se inyectan a diario.

Pero la insulina de este molusco gasterópodo tiene algo especial, ya que reduce con rapidez la concentración de glucosa en la sangre de sus presas. La insulina humana actúa con mucha más lentitud; tiende a formar agregados que la estabilizan y facilitan su almacenamiento en el cuerpo, pero impiden que cumpla su función hasta que no se disgrega. La insulina del cono de mar podría brindar pistas para crear una insulina que no se agregue y surta efecto rápido.

En un estudio publicado en Nature Chemical Biology, la bióloga de la Universidad de Copenhague Helena Safavi-Hemami y sus colaboradores han demostrado la peculiar morfología de la insulina del cono de Kinoshita (Conus kinoshitai). El equipo incorporó regiones únicas de esta molécula a la insulina humana y creó así un híbrido que carece de la región humana responsable de la agregación.

En 2020, otros investigadores lograron un hito similar con la insulina del cono geógrafo (Conus geographus). Desde entonces han estudiado otras especies y han descubierto que el cono de Kinoshita fabrica una insulina que actúa de un modo nunca visto. La región agregante de la molécula de insulina humana también es esencial para su unión a los receptores celulares; en la insulina del cono geógrafo esa región está truncada. La del cono de Kinoshita también carece oportunamente de esa parte, pero en cambio posee una singular región alargada que se une a los receptores sin producir agregados.

Cuando Safavi-Hemami mostró la nueva insulina de caracola a su colega de la Universidad Stanford, Danny Hung-Chieh Chou, recuerda que dijo: «No es nada nuevo». Pero, cuando ahondaron más, observaron que las características biológicas eran muy distintas. Mediante técnicas de imagen punteras visualizaron con claridad cómo el nuevo híbrido se fijaba al receptor celular de la insulina y modificaba su forma, algo que no se conocía en el híbrido precedente. Estos hallazgos ayudarán a conocer mejor el mecanismo de acción de las insulinas en general, señala Mike Strauss, bioquímico en la Universidad McGill ajeno al estudio. «Abre nuevas posibilidades en el campo de las insulinas sintéticas», añade.

Por ahora el equipo continúa investigando la seguridad y la estabilidad del híbrido, problemas que entraña el diseño de una insulina que no se agregue y que esta molécula de forma tan extraña podría solventar.

Aun así, tendrá que superar multitud de pruebas. «Por eso es bueno disponer de un repertorio», dice Safavi-Hemami. Cada especie de cono posee una mezcla venenosa propia que probablemente contenga tipos únicos de insulina y otras moléculas valiosas. A la vista de los miles de sustancias que componen el veneno, todo hace pensar que el estudio detallado de estas caracolas nos deparará numerosos descubrimientos.

(Fuente: investigacionyciencia)

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¿Erupciones por viruela del mono dejan cicatrices?

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México ya registra casos de la viruela del mono, una enfermedad infecciosa poco usual, que produce la emergencia de erupciones en todo el cuerpo, muy parecidas a las que aparecen durante la varicela, pero ¿pueden dejar cicatrices?

Han pasado 52 años desde que se descubrió el primer caso de viruela símica en humanos, en 1970, sólo 12 años más tarde que se rastreara la enfermedad en una colonia de monos. Esto quiere decir que además de ser una enfermedad vírica es también zoonótica, pues fue contraída a raíz del contacto animal-humano.

Las especies que hospedan al virus de la viruela del mono son los roedores africanos y los primates no humanos.

De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), las personas contraen la enfermedad si entran en contacto con un animal, a través de su mordedura o arañazo, o persona infectada mediante secreciones y fluidos corporales, de la misma manera que si tocan una superficie contaminada con el virus, como puede ser la ropa o las sábanas.
En principio, cuando la enfermedad se manifiesta, la persona afectada presenta síntomas como fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y agotamiento. Más tarde, luego de los tres primeros días en que la viruela de mono se hace visible, la o el paciente desarrollará erupciones que, habitualmente, aparecen en la cara para extenderse, más tarde, a otras partes del cuerpo.

Las erupciones atraviesen una evolución conforme con la progresión de la enfermedad, primero se presentan como manchas que se convierten en puntos sólidos (pápulas). Posteriormente, generan pus infecciosa y, finalmente, producen una costra que caerá cuando la herida se haya curado, pero ¿estas erupciones dejan cicatrices?

Si bien, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha encargado de explicar que la viruela símica no es una enfermedad grave, al dimensionar que su tasa de letalidad oscila alrededor del 3% al 6%, lo que es un hecho que las erupciones por esta enfermedad sí pueden dejar una cicatriz queloide que, en términos coloquiales, quiere decir que deja un agujero levantado después de la curación de la herida.

«Miles de lesiones son algo que nadie quiere experimentar, y cuando esas costras se caen, dejan cicatrices», explica el doctor Dennis Hruby, de la American Society for Microbiology.
«La cicatrización… no es un síntoma exclusivo de la viruela del simio, pero cuando estas lesiones de viruela comienzan a brotar y luego se descomponen, adquieren una infección bacteriana secundaria que generalmente causa la cicatrización», indica Paul Hunter, epidemiólogo de la Universidad de East Anglia.

Habitualmente, esta clase de cicatrices tienen una tonalidad más oscura que la piel que la rodea. Su forma es irregular y es más fácil que se produzcan en las orejas, los hombros, las mejillas y el pecho. Hay además, personas más propensas a producir estas cicatrices que otras, por tener una dermis sensible.

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