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Cultura

“Inframundo”, la experiencia que une el presente y pasado rumbo al Mictlán

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El encuentro del presente con el pasado se dan cita en la experiencia “Inframundo”, un recorrido multisensorial basado en la cosmovisión mexica que se estrena estos días en la Ciudad de México y busca adentrar a sus asistentes a los 9 niveles del inframundo en su camino al Mictlán, el lugar de los muertos según los aztecas.

“(‘Inframundo’) es un análisis de conciencia y una expansión del desarrollo del espíritu. Aquí se van a entretener, van a aprender y van a reconocerse a sí mismos”, aseguró este martes (26) en entrevista con EFE Emmanuel Galicia, uno de los guionistas de la experiencia, además de actor y guía espiritual nahua.

En la explanada de la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México se encuentran ubicadas las instalaciones de “Inframundo”.

Dentro de la estructura circular que contiene el espectáculo tecnológico confluyen 9 salas por las que los asistentes se embarcarán en un viaje espiritual narrado y compartido por Emmanuel.

El inicio del recorrido, comienza con una ofrenda que espera a aquellos que comienzan su andar para después ser recibido por un perro guía, un xoloitzcuintle, del primer nivel o Itzcuintlan, que marca el principio de un viaje por cada uno de los niveles rumbo al Mictlán, que según los mexicas dura 4 años.

Tepectli monamictlanIztepetlItzehecayanPaniecatacoyanTimiminaloayanTeocoyohuehualoyanIzmictlan ApochcalolcaChicunamictlan, son los nombres de los niveles por los que los muertos tendrán que sortear ciertos dolores físicos, reflexiones y conciencia sobre su vida para poder ser liberados por los dioses.

Todo esto se entrelaza con tecnología como el “video mapping”, holografía, realidad virtual, realidad aumentada y es acompañado por música original prehispánica y la voz y actuación de Galicia.

“Es una aventura entretenida porque el futuro -lo digital- con la filosofía ancestral, es decir, el futuro con el pasado, se unen en el aquí y el ahora creando el presente. Y hoy es presente el rescate de nuestras culturas a través de las tecnologías”, explica Galicia.

(Agencia: EFE)

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Cultura

“Mi tema no soy yo”: Elena Poniatowska

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A pocos meses de cumplir 90 años, la escritora mexicana Elena Poniatowska mantiene la obsesión de los buenos entrevistadores, que se callan y dejan hablar a los otros, en espera de pescar una buena historia como la de su nueva novela, la segunda parte de El amante polaco.

“No soy de hablar de mí misma. Mi oficio desde hace casi 70 años es hacerles preguntas a los demás; no me dedico a pensar en mí misma porque mi tema no soy yo. Es un buen título para esta charla, mi tema no soy yo”, asegura este viernes (26) en entrevista a EFE la Premio Cervantes de 2013.

El rojo de una nochebuena medio metro encima de su cabeza hace juego con el blanco de su cabello. Es la imagen perfecta para platicar porque son los colores de Polonia, el país donde reinó Stanislaw Poniatowski, el protagonista de la novela.

“Fue un hombre noble; ha de haber sido bueno para hacer el amor porque fue amante de Catalina la Grande y agradaba a las mujeres. Era muy culto, de niño, tuvo un papá guerrero que le salvó la vida al rey de Suecia, pero a él no le gustaban las armas”, asegura al referirse a su antepasado de hace más de 200 años.

Recreación histórica

Poniatowska, que ganó el premio Alfaguara en 2001, el Rómulo Gallegos, en 2007, y el Biblioteca Breve, en 2011, retrató con su prosa a un rey empeñado en darlo todo por su país, y en el texto recreó la Europa entre 1732 y 1798, los años de vida del monarca.

Solitario y triste, luego de que Catalina le arrebató la virginidad, la paz y al final el país, Stanislaw mueve sus cartas para mantener a Polonia a salvo de tres potencias depredadoras: Rusia, Prusia y Austria. Al final queda como un perdedor, sin embargo, muere con la paz de haber obedecido a su corazón.

Al igual que en el primer libro, al final de cada capítulo Elena recrea la vida política y cultural de México y cuenta secretos de su vida de mujer adelantada y de escritora con casi todos los reconocimientos posibles, menos el Premio Nobel.

Insiste en que sus testimonios no son adelantos de su biografía porque prefiere escribir sobre los demás. Ahora solo ha revivido recuerdos, de su vida, de su relación con personalidades y del ambiente de México en varios momentos del siglo XX.

Para escribir sobre el último rey polaco, Elena consultó muchos libros en inglés y francés porque en español no hay nada sobre el tema. Confiesa que cuando era pequeña no le hablaron de Stanislaw y al indagar sobre su vida, le encantó su manera de ser.

Imagina un escenario ideal: el antepasado polaco aparece en el jardín de su casa, presidido por una buganvilia. Elena sabe que eso solo puede suceder en una historia inventada, pero como se dedica a ellas, está preparada para reaccionar.

“Si me lo encontrara, le regalaría el libro, le diría que me encanta el apellido Poniatowski; que conozco mal a Polonia y lo invitaría a una copita de vodka. Pero él no bebía, entonces quizá lo forzaría. Le diría que vivir en México ha sido un regalo polaco, que aquí a la política le decimos la polaca, y esas cosas”, confiesa.

El elixir de la poesía

De la misma manera en que las personas de su edad toman pastillas para la presión, la diabetes o la acidez, cada mañana Elena Poniatowska acude a la poesía como un elixir, que tal vez no ha sido la razón de su larga vida, aunque sí de que sea más bella.

Confiesa que cada día relee varios poemas y menciona a algunos de sus autores favoritos, entre ellos Octavio PazFederico García LorcaRosario Castellanos, y Cristina Peri Rosi, reciente ganadora del Premio Cervantes.

“Leer poemas todos los días es algo que siempre hago”, revela, y señala sus libreros de madera pintada de blanco con tres metros de altura, en los que descansan obras principales de la literatura en varios idiomas.

¿Sería exagerado afirmar que si todos leyéramos poesía, tal vez no nos hubiera dañado Covid-19?

“Para nada, yo creo que esa es una verdad como un kilo de oro”, responde Poniatowska.

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Cultura

Descubren viviendas de salineros en un yacimiento maya bajo el agua

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Datación por radiocarbono de muestras de postes de madera y cerámica han revelado los primeros restos de las viviendas de los salineros que sirvieron esta valiosa materia prima al imperio maya.

Los antiguos mayas tenían templos y palacios de piedra en la selva tropical de América Central, junto con registros dinásticos de líderes reales tallados en piedra, pero carecían de un bien básico esencial para la vida diaria: la sal.

Las fuentes de sal se encuentran principalmente a lo largo de la costa, incluidas las salinas en la costa de Yucatán y la salmuera a lo largo de la costa de Belice, donde llueve mucho. Pero, ¿cómo mantenían los mayas del interior un suministro de sal?

La arqueóloga de LSU (Louisiana State University) Maya Heather McKillop y su equipo han excavado cocinas de sal donde se hervía salmuera en ollas de barro sobre fuegos en edificios de postes y paja conservados en sedimentos libres de oxígeno debajo del fondo del mar en Belice. Pero el lugar donde vivían estos salineros permanecía esquivo, dejando posibles interpretaciones de trabajadores diarios o estacionales de la costa o incluso del interior. Esta brecha dejó persistentes preguntas sobre la organización de la producción y la distribución.

Los nuevos hallazgos sobre la organización de la industria de la sal para suministrar este producto alimenticio básico a las ciudades del interior durante la civilización maya clásica se informan en un artículo reciente publicado en la revista Ancient Mesoamerica.

McKillop y sus colegas iniciaron este nuevo proyecto en busca de residencias donde vivían los salineros y comprender la energética de la producción de sal con financiamiento de la National Science Foundation.

Aunque el trabajo de campo en Ek Way Nal, donde se encuentra el yacimiento de Paynes Creek Saltworks, se ha pospuesto desde marzo de 2020 debido a la pandemia, los investigadores recurrieron a material previamente exportado para su estudio en el laboratorio de arqueología de LSU, incluidas cientos de muestras de madera de postes y construcciones de paja, así como tiestos de cerámica.

«El laboratorio de arqueología parece una fiesta de Tupperware, con cientos de recipientes de plástico con agua, pero mantienen las muestras de madera húmedas para que no se sequen ni se deterioren», dijo McKillop en un comunicado.

Explicó la estrategia para continuar la investigación en el laboratorio: «Decidí enviar una muestra de poste de madera para la datación por radiocarbono de cada edificio en Ek Way Nal para ver si todos databan de la misma época, lo cual fue sugerido por la visibilidad de los artefactos y edificios en el fondo del mar».

Cuando empezaron a llegar las fechas, de dos en dos, McKillop identificó una secuencia de construcción de edificios que comenzó en el Clásico Tardío en el apogeo de la civilización maya y continuó hasta el Clásico Terminal cuando los líderes dinásticos de las ciudades-estado del interior estaban perdiendo el control y finalmente el las ciudades fueron abandonadas por el año 900 d.C.

Según McKillop, «usando el sitio bien estudiado de Sacapulas, Guatemala, como modelo, funcionó bien para desarrollar expectativas arqueológicas para diferentes actividades para hervir salmuera en una cocina de sal, una residencia y otras actividades, incluida la salazón de pescado».

En el artículo de Ancient Mesoamérica, informan de una secuencia de construcción de un edificio de 3 partes con cocinas de sal, al menos una residencia y un área al aire libre donde se salaba y se secaba el pescado. La estrategia de los arqueólogos de fechar por radiocarbono cada edificio había producido una cronología de grano más fina para Ek Way Nal que están utilizando para más sitios.

El nuevo análisis verifica la estimación de McKillop de que 10 cocinas de sal estaban en producción a la vez en Paynes Creek Salt Works, lo que informó en su libro Maya Salt Works (2019, University Press of Florida).

«La investigación subraya la importancia de la datación por radiocarbono de cada poste y la construcción de techos de paja en las salinas para evaluar la capacidad de producción de esta necesidad dietética. La investigación también muestra el valor de mapear individualmente los artefactos y postes en el fondo del mar en los sitios submarinos en El uso de las salinas de Sacapulas como modelo a partir del cual desarrollar correlatos arqueológicos encaja con Ek Way Nal y sugiere que los mayas que vivían permanentemente en la comunidad estaban dedicados a la producción familiar excedente de sal que estaba bien integrada en la economía regional permitiéndoles adquirir una variedad de bienes no locales», dijo.

(Fuente: europapress)

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Cultura

Autorretrato de Frida se vende por 35 mdd y marca récord latinoamericano

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El autorretrato “Diego y yo”, de Frida Kahlo, marcó este martes un precio récord para una obra de un artista latinoamericano en subasta, al venderse en Nueva York por 34.9 millones de dólares, cuadruplicando además el anterior máximo histórico de la propia pintora mexicana de 8 millones de dólares logrado en 2016.

La obra, de pequeñas dimensiones —30 centímetros de alto y 22.4 de ancho—, es un autorretrato en primer plano de Kahlo que fue completado en 1949, pocos años antes de su muerte, y superó el récord ya en la primera puja en la sede neoyorquina de Sotheby’s, que fue de 26 millones de dólares.

La pieza, vendida por última vez hace tres décadas, simboliza la tempestuosa relación entre Kahlo y Diego Rivera, que aparece dibujado sobre la frente de la mexicana y que a su vez tiene un tercer ojo, un elemento con el que trata de representar la continua presencia de su marido en su mente.

“El precio alcanzado esta noche sitúa a Frida Kahlo en el centro de la escena junto con los grandes titanes de la historia del arte, y como uno de los artistas más codiciados del mercado actual”, subrayó Sotheby’s en un comunicado nada más terminar la puja.

Se desconoce la identidad tanto del comprador como del vendedor.

El cuadro no sólo pulverizó el anterior récord de la mexicana, sino que también se quedó a una gran distancia del precio máximo histórico en subasta de un artista latinoamericano, que sustentaba precisamente su marido, Diego Rivera, con el cuadro “Los Rivlaes”, que fue vendido por Christie’s en 2018.

Además, “Diego y yo” ya hizo historia la última vez que salió a subasta, en 1990, al venderse por 1.4 millones de dólares, lo que supuso la primera vez que se superó en una puja el millón de dólares por una obra de un artista latinoamericano.

Antes de la venta, Sotheby’s ya estimaba que se vendería por entre 30 y 50 millones de dólares, no solo por el nivel artístico del cuadro, sino también por el momento de la venta, cuando las obras de mujeres artistas del siglo XX se están revalorizando, y cuando se está mostrando un profundo interés hacia artistas latinoamericanos surrealistas.

“Es una combinación de factores, es como la tormenta perfecta”, dijo a EFE la directora de Arte Latinoamericano de Sotheby’s, Anna Di Stasi.

Con información e imagen de EFE

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