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Desarrolla IPN bioestimulante para mejorar cultivos

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Se ha comprobado que mejora la calidad e incrementa el rendimiento hasta un 50 por ciento de cultivos como el maíz, sorgo, caña de azúcar y soya

Mediante la aplicación de técnicas tradicionales y herramientas moleculares de primera generación, científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollaron un bioestimulante a partir de la bacteria Bacillus safensis, el cual se plantea como una alternativa viable para mejorar la producción agrícola de manera sustentable, ya que han comprobado que mejora la calidad e incrementa el rendimiento hasta un 50 por ciento de cultivos como el maíz, sorgo, caña de azúcar y soya.

La investigación se lleva a cabo en el Centro de Biotecnología Genómica (CBG), bajo la dirección del doctor Jesús Gerardo García Olivares, quien destacó que durante 15 años ha estudiado diversas bacterias del género Bacillus, sin embargo, enfocó sus estudios en Bacillus safensis porque además de generar hormonas para promover el crecimiento de las plantas, es capaz de formar esporas que ayudan a establecer el bioestimulante en el campo y a potenciar su producción en vida de anaquel.

El Maestro y Doctor en Ciencias con especialidad en Producción Agrícola precisó que, con el propósito de elaborar un producto económico, pero de alta calidad, obtuvieron la bacteria Bacillus safensis de aislamientos de cepas nativas de suelos calcáreos y con pH alcalino, representativos de Tamaulipas, y a partir de lixiviados de lombriz se generó un medio de cultivo, el cual se activó mediante una fuente de carbono, se le ajustó el pH y se esterilizó para elaborar un producto de alta calidad inocuo a las semillas y de costo accesible para los agricultores.

Detalló que durante la germinación el bioestimulante favorece el crecimiento de las raíces de la planta, lo cual se manifiesta en mayor altura y color y mejor fotosíntesis. “Cuando realizamos la evaluación de los efectos corroboramos que hubo una diferencia de media tonelada de rendimiento entre los cultivos que crecieron con y sin el producto biológico, lo cual es un aspecto relevante”, afirmó.

El investigador politécnico informó que por la aportación que representa para mejorar la producción agrícola de manera sustentable, la patente del producto biológico está en trámite. “Cuando tengamos el registro se transferirá la tecnología o se escalará a través de una biofábrica para ponerlo al alcance de los agricultores.

“Estamos convocando a las asociaciones de agricultores para escalar a nivel piloto el proyecto, se daría la asesoría técnica para hacer el licenciamiento y la transferencia de tecnología. Estamos hablando de que en nuestra región hay aproximadamente un millón de hectáreas, entonces para tener la capacidad de biofertilizar 200 mil bolsas de semillas requerimos de una empresa establecida que podemos incubar en el Politécnico, pero para cristalizar el proyecto solicitamos apoyo de los agricultores”, advirtió.

El doctor Jesús García enfatizó que la producción del producto es totalmente rentable y apuntó que el costo del tratamiento por costal de semilla sería de 80 a 100 pesos. “Su aplicación es muy sencilla, simplemente se coloca el saco de semilla en una lona y bastan 250 mililitros del producto para atomizarla, ahí mismo se revuelve y se deposita nuevamente en el costal. Por la forma en que esporula, Bacillus safensis no se muere con el sol, pero se debe evitar exponer a altas temperaturas la semilla inoculada.

Refirió que para realizar el proyecto han recibido financiamiento del IPN y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), tienen colaboración con las Universidades Autónomas de Nuevo León (UANL) y de Tamaulipas (UAT), del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, de la Unidad Académica Multidisciplinaria Mante (UAMM), asimismo cuentan con el apoyo de la Unión Regional del Norte de Tamaulipas, la Unión de Cañeros del Sur del Estado y con las diversas asociaciones vinculadas a éstas, para realizar las pruebas de campo.

(Fuente: IPN)

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La microbiota intestinal potencia el desarrollo cerebral

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Los bebés varones con una composición más alta de una microbiota intestinal particular muestran un desarrollo neurológico mejorado cuando se hacen mayores. Se comprueba de esta forma que las bacterias intestinales pueden potenciar el desarrollo del cerebro.

Una investigación liderada por la Universidad de Alberta, en Canadá, ha verificado que las características de la microbiota intestinal inciden directamente en el desarrollo cerebral de los bebés varones. La diferencia la hacen los bacteroidetes, un tipo de bacteria que genera metabolitos llamados esfingolípidos: los mismos son fundamentales para la formación y estructura de las neuronas en el cerebro.

Los científicos sostienen que luego de realizar un estudio en el que participaron 400 bebés se pudieron obtener evidencias significativas: los niños con una microbiota intestinal que incluía una importante proporción de bacteroidetes mostraron, al pasar un año, habilidades cognitivas y de lenguaje notablemente mejoradas. La investigación, publicada en la revista Gut Microbes, concluye que las bacterias intestinales influyen en el desarrollo de las funciones cerebrales.

Se sabe que la microbiota intestinal es el conjunto de bacterias que viven en el intestino, pero en los últimos años se está descubriendo, poco a poco, su impacto real y la injerencia que tienen en múltiples funciones del organismo. El cerebro no es la excepción, más bien todo lo contrario: diferentes investigaciones están demostrando una estrecha relación entre el funcionamiento del intestino, las bacterias intestinales y el desarrollo cerebral.

En los bebés varones

¿Por qué el estudio enfatiza los resultados en bebés varones? De acuerdo a una nota de prensa, las niñas obtienen generalmente a edades tempranas mejores resultados en las habilidades cognitivas analizadas, presentando al mismo tiempo una mayor probabilidad de contar con una proporción elevada de bacteroidetes en su microbiota intestinal.

En consecuencia, los cambios se hacen significativos en los bebés varones, que no poseen una predisposición especial para integrar a los bacteroidetes en su flora intestinal. En ese universo analizado, los especialistas pudieron comprobar que las condiciones mencionadas producen una optimización en la formación de conexiones neuronales, derivando en mejoras en la cognición y el lenguaje.

Los esfingolípidos son los metabolitos producidos por este tipo específico de bacterias intestinales: constituyen la mielina, una sustancia destinada principalmente a incrementar la velocidad de las señales transmitidas entre las neuronas. De esta manera, cumplen un rol fundamental en el desarrollo de las funciones cerebrales.

Plasticidad cerebral y trastornos neurológicos

Según los responsables de la investigación, existen factores que pueden predisponer a algunos bebés a incrementar o a reducir el porcentaje de bacteroidetes en su flora intestinal. Por ejemplo, un parto por cesárea puede provocar una fuerte disminución. Por otro lado, la lactancia materna, una dieta con predominio de fibra o la exposición a la naturaleza son aspectos que podrían potenciar la presencia de los bacteroidetes en la microbiota intestinal.

Las diferencias se observan en los primeros dos años de vida, un período en el cual el cerebro es especialmente maleable y puede modificarse rápidamente. De esta forma, la composición de la microbiota intestinal tendría un impacto directo en la optimización de las condiciones que promueven una mayor plasticidad cerebral.

Sin embargo, las variaciones en la microbiota intestinal no significan que aquellos niños que no las desarrollen queden en desventaja: aún es necesario comprobar la evolución a lo largo del tiempo y la incidencia de otros factores.

Pero quizás el punto más trascendente de este descubrimiento es que las características de la microbiota intestinal y su relación con la plasticidad cerebral podrían servir para predecir los trastornos del desarrollo neurológico desde una edad temprana, según los científicos. Por ejemplo, el estudio de las bacterias intestinales en los bebés podría indicar una futura aparición de patologías como el autismo o el trastorno por déficit de atención, entre otras posibilidades.

(Fuente: tendencias21)

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Veneno de una araña podría “reparar” daño en el corazón tras ataque cardíaco

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“Esto no solo ayudará a los cientos de miles de personas que sufren ataques cardíacos cada año en todo el mundo, sino que también podría aumentar la cantidad y la calidad de los corazones de los donantes”, señalaron

Un grupo de investigadores de la Universidad de Queensland y del Instituto de Investigación Cardíaca Victor Chang de Sydney, en Australia, están trabajando en un posible candidato a fármaco derivado del veneno de la araña de tela de embudo australiana (una de las especies de arácnidos más peligrosas del mundo) que sería capaz de ‘reparar’ el daño de los corazones de aquellas personas que han sufrido un ataque cardíaco. Los resultados del estudio fueron publicados recientemente en la revista científica Circulation.

Si bien estas arañas usan su veneno para inmovilizar o matar a sus presas, e incluso su mordedura puede ser letal para los seres humanos, los científicos descubrieron que en la sustancia estaba presente una proteína que bloquea la «señal de muerte» que se genera tras los ataques al corazón, e impediría que se active la muerte de células cardíacas.

«Después de un ataque cardíaco, el flujo de sangre al corazón se reduce, lo que resulta en una falta de oxígeno al músculo cardíaco. La falta de oxígeno hace que el entorno celular se vuelva ácido, lo que se combina para enviar un mensaje a las células del corazón para que mueran«, explicó el doctor Nathan Palpant, de la Universidad de Queensland. Además, agrega que pese a «décadas de investigación, nadie ha sido capaz de desarrollar un fármaco que detenga esta señal», por lo que las enfermedades cardíacas «siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo».

La proteína hallada en el veneno se denomina Hi1a y actúa como una barrera protectora en los canales iónicos del corazón sensibles al ácido, por lo que el mensaje de muerte se bloquea y se aprecia una mejora en la supervivencia de las células cardíacas.

«Esto no solo ayudará a los cientos de miles de personas que sufren ataques cardíacos cada año en todo el mundo, sino que también podría aumentar la cantidad y la calidad de los corazones de los donantes, lo que dará esperanza a los que están en la lista de espera para trasplantes«, comentó Peter Macdonald, uno de los autores del estudio.

El experto señaló que, por lo general, si el corazón del donante ha dejado de latir durante más de 30 minutos antes de ser recuperado no puede usarse. Sin embargo, si el corazón es tratado con la proteína Hi1a, la muerte celular se reduce y se ganan varios minutos que podrían «marcar la diferencia entre alguien que obtiene un corazón y alguien que se lo pierde».

Por ahora, los investigadores ya probaron el candidato a fármaco en células cardíacas in vitro expuestas al estrés de un ataque al corazón y esperan comenzar ensayos clínicos en humanos en los próximos dos o tres años.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año las enfermedades cardiovasculares se cobran 17,9 millones de vidas, y un tercio de estas muertes ocurren en personas menores de 70 años.

(Fuente: elciudadano)

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Hallan en sur de Argentina 160 huevos fósiles de aves prehistóricas

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El hallazgo se produjo en medio de las obras de remodelación de la Universidad del Comahue, emplazada sobre un yacimiento de la era mesozoica

Paleontólogos argentinos reportaron el hallazgo de más de 160 huevos fósiles de aves prehistóricas dentro de un predio universitario en la provincia de Neuquén, 1,100 km al sur de Buenos Aires.

El hallazgo se produjo en medio de las obras de remodelación de la Universidad del Comahue, emplazada sobre un yacimiento de la era mesozoica.

“Encontramos todo un playón con huevos de aves fósiles, aves que son caracterizadas por huevos de más o menos 5 a 7 centímetros. Estamos hablando de 85 millones de años”, dijo a la AFP la paleontóloga Doménica Santos.

Un equipo de científicos de la universidad trabaja desde hace semanas en paralelo a los trabajos de remodelación para supervisar la remoción del terreno en protección del patrimonio.

“Sabíamos que había hallazgos de huevos y cuando empezaron las obras nosotros vinimos a monitorear y ahí nos encontramos con más de 160 huevos”, explicó.

El hallazgo se produjo a unos 30 metros de distancia del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad.

“Es todo un campo de nidos de huevos de aves fósiles acá en el patio de casa, estamos en la Universidad Nacional del Comahue”, explicó con entusiasmo la científica.

El equipo está conformado por científicos y estudiantes de Palentología y Geología de la universidad del Comahue.

“Tenemos mucha emoción, la verdad, porque no se encuentran campus con tanto material fosilífero en Argentina. Estamos en una situación privilegiada porque el Museo también se encuentra dentro del campus y es doblemente fascinante poder recolectar los fósiles y trasladarlos al Museo dentro de la Universidad”, dijo Darío Julián López, estudiante avanzado de Geología.

Según explicó Juan Porfiri, paleontólogo del Museo, en base a estudios previos “se puede decir que (los huevos) son de un grupo de aves llamadas Enantiornites, que fueron muy comunes en el Cretácico”.

Argentina es un territorio rico en fósiles de los tres períodos de dominancia (el Triásico, el Jurásico y el Cretácico) de la era Mesozoica, y se han hallado individuos diferentes de los encontrados en el hemisferio norte. Los yacimientos de fósiles de dinosaurios más preminentes se localizan en la Patagonia (sur), La Rioja (Parque Talampaya) y San Juan, al oeste, y en Salta (norte).

(Fuente: telemetro)

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