Expresidentes de México a juicio mediante un plebiscito

El presidente de México quiere llevar a sus predecesores a los tribunales mediante referéndum. Los críticos hablan de un “circo político”, pero AMLO podría lograr su objetivo: una victoria en las elecciones de 2021.

“¿Está usted a favor de llevar a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto ante la Justicia?” es la pregunta que se hace actualmente a los transeúntes en las calles y plazas de México. Estos son los cinco expresidentes mexicanos de los últimos 30 años que, a los ojos del actual mandatario nacionalista de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, son responsables de la corrupción desenfrenada, la impunidad, las privatizaciones, las violaciones de los derechos humanos, la desigualdad, el fraude electoral, la guerra contra el narcotráfico y todo lo que ha ido mal en México en las últimas tres décadas.

Plebiscito en lugar de cambio constitucional

Hasta ahora han gozado de inmunidad, como en muchas otras democracias del mundo, y como mucho podrían ser considerados responsables de traición. López Obrador, quien ocupa el cargo desde 2018, quisiera abolir esta inmunidad -una de sus principales promesas electorales-, pero la enmienda constitucional requiere mayorías calificadas y solo sortea los obstáculos parlamentarios a paso de tortuga. Recientemente, la Asamblea de Diputados la aprobó; aún falta el Senado, y después de eso, los Congresos de al menos 16 de los 32 estados tendrían que aprobarla. Una demanda ante la Corte Suprema también podría retrasar aún más el proceso, y una aplicación retroactiva a los exmandatarios no sería posible de todos modos, según los fundamentos jurídicos actuales.

Sin embargo, nada de esto inquieta a López Obrador. Aunque afirma públicamente que está en contra de una acusación a sus predecesores, de hecho está haciendo todo lo posible para impulsarla. El atajo sería un plebiscito, el cual puede ser solicitado al Congreso por la población o por el presidente. Pero a pesar de la ofensiva en las calles y plazas, el ejército de voluntarios aparentemente no ha logrado recolectar los 1,8 millones de firmas necesarias.”Por seguridad”, según declaró López Obrador el martes, él mismo solicitará el plebiscito.

En realidad, México tiene problemas más urgentes que resolver.La pandemia aún no está controlada, más de 70.000 mexicanos ya han muerto a causa del COVID-19. Las escuelas aún están cerradas y casi dos millones de jóvenes han quedado fuera del sistema educativo desde marzo. El país está en recesión, el producto interno bruto (PIB) se ha reducido en un 18% en los últimos 6 meses y se ha perdido un millón de empleos formales. Además, los asesinatos han alcanzado nuevos niveles bajo el mando de López Obrador.

Maniobras ante elecciones

Ana Paula Ordorica, columnista del periódico “El Universal”, ve el plebiscito como un “espectáculo”.”Lejos de fortalecer el debilitado Estado de derecho, tales acciones lo debilitan aún más”, escribió recientemente. Esto no haría que México se vuelva más justo ni menos corrupto, sino solo más dividido, según Ordorica. Para el abogado y profesor de la Universidad Tecnológica de Monterrey Jesús Silva Herzog-Márquez, el plebiscito sería como un circo romano. Que un caso judicial se base en un plebiscito y no en un delito con una prueba correspondiente es el colmo de la politización del poder judicial, escribió Silva Herzog-Márquez en el diario “Reforma”. “Esto no tiene nada que ver con la democracia participativa. Es una recaída en la barbarie, donde ser impopular es suficiente para ser presa de la Inquisición”, criticó.

El excanciller Jorge Castañeda incluso considera que México ha alcanzado el nivel de una república bananera. A los ojos de Castañeda, inventar tonterías para distraer la atención de los verdaderos problemas tiene un objetivo importante: ganar las elecciones intermedias del próximo año. En estos comicios se elegirá una nueva Cámara de Diputados y también la mitad de los gobernadores de los estados. El partido de López Obrador, Morena, tiene actualmente un 40% de popularidad en las encuestas, muy por delante del partido conservador de la oposición, PAN, con un 24%.

Una campaña electoral emotiva, que gire en torno a resolver los casos de corrupción del pasado en lugar de los desafíos del presente y del futuro, le vendría bien a López Obrador.Esto podría cimentar la hegemonía de Morena y darle al presidente la mayoría calificada que necesita en el Congreso para las enmiendas constitucionales. Sus opositores especulan que López Obrador, al igual que lo hicieran otros jefes de Estado populistas y autoritarios de la región, quiere levantar la prohibición constitucional de la reelección. Hasta ahora, él mismo lo ha negado.

( Sandra Weiß)

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