Rousseff no acepta la derrota y seguirá recabando apoyos

Dilma Rousseff, durante una rueda de prensa esta semana - EFE

Dilma Rousseff, durante una rueda de prensa esta semana – EFE


Temer califica de vergonzoso que la expresidenta no haya sido inhabilitada

Ella no quiere quedarse ni un día más en la residencia oficial de Alvorada, donde vivió los últimos seis años. La expresidenta Dilma Rousseff está embalando personalmente los libros de su biblioteca para acelerar la mudanza que debe realizar mañana, ignorando el plazo de un mes que le permite la ley. La economista quiere estar fuera de la capital antes del regreso del presidente Michel Temer, que se encuentra en China, en la cumbre del G-20, hasta la próxima semana.

Rousseff, sin embargo, no tiene planes ni de descansar ni de deprimirse, ni tampoco de aceptar su derrota. Su idea es concentrar su agenda en una región más central del país, donde tiene más acceso a los grupos que la apoyan, como intelectuales y artistas que fueron solidarios con ella, además de tener más contacto con la prensa internacional y un aeropuerto mejor conectado con el exterior.

Según los asesores, Rousseff continuará trabajando de manera intensa en la defensa de sus argumentos, tanto a través de foros brasileños como internacionales. En Brasil, participará en eventos de apoyo y seguirá de cerca la batalla judicial abierta tras el recurso que ha interpuesto su defensa ante la Corte Suprema. 

En el exterior, la exmandataria realizará conferencias en universidades de Estados Unidos, de donde ha recibido invitaciones; así como en países sudamericanos, entre ellos, Chile, donde se encontrará con su amiga Michele Bachelet; y Uruguay, uno de los gobiernos que le ha dado su apoyo. Su periplo incluirá países europeos, donde ya expresó sus ganas de descansar unos días. También quiere escribir sus memorias y ha recibido invitaciones de varias editoriales interesadas en la autobiografía de la exguerrillera y primera mujer en la silla del Palacio del Planalto.

Temer, desde China

Mientras tanto, en la otra punta del mundo, su sucesor, Michel Temer, reconoció ayer que está acostumbrado a sufrir «pequeñas vergüenzas», en referencia a la última decisión del Senado del país de permitir que Rousseff, a pesar de ser destituida de su cargo, mantenga sus derechos políticos.

«Estoy acostumbrado porque llevo más de 34 años en la vida pública, y estoy en contacto permanentemente con estas pequeñas vergüenzas, que se superan enseguida», afirmó en Shanghái. Si bien reiteró que «respeta» las decisiones del Senado, recordó que esta en concreto «está siendo cuestionada». «Si el Senado tomó esta decisión, no importa, cierta o equivocada, ya tomó la decisión», afirmó el que fuera vicepresidente de Rousseff.

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