Más presión para Masako, la «princesa triste» de Japón

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La futura abdicación del Emperador Akihito en su hijo Naruhito puede afectar a la recuperación de su esposa, Masako

La futura abdicación del Emperador de Japón, quien acaba de confirmar que quiere dejar el trono por problemas de salud, cumplirá el destino como sucesor de su hijo, el Príncipe Heredero Naruhito. Pero lo más probable es también le traiga más quebraderos de cabeza a su esposa, la Princesa Masako, aquejada desde hace años de una profunda depresión de la que parecía estar saliendo.

Desde que se casó con Naruhito en 1993, esta diplomática formada en Harvard ha tenido serios problemas para adaptarse a las rígidas normas de la Familia Imperial nipona, que pasa por ser la monarquía más antigua del mundo gracias a sus catorce siglos de historia. De fondo aparecía siempre su imposibilidad para engendrar un varón, ya que en Japón impera la ley sálica y las mujeres no pueden heredar el Trono del Crisantemo. Finalmente, y tras desaparecer de los actos públicos en 2003, Masako dio a luz a una niña, la princesa Aiko, que tiene ya 14 años, pero que ha sido desplazada de la línea sucesoria por su primo Hisahito, hijo del segundo vástago del Emperador.

La presión sobre Masako llegó a ser tan fuerte que Naruhito se vio obligado a salir públicamente en su defensa, acusando a los chambelanes de la Casa Imperial de coartar su personalidad y pidiendo a la sociedad nipona comprensión y apoyo para su esposa. Gracias al respaldo de su marido, la «princesa triste» de Japón, como la han apodado los medios, se ha venido recuperando poco a poco de sus problemas de adaptación y del estrés que le provocaba la vida en palacio.

Buena prueba de ello es que en 2013, y por primera vez en once años, viajó al extranjero para asistir a la coronación del rey Guillermo-Alejandro de Holanda. Poco después, hizo su primera aparición pública en siete años en Japón al acudir a un banquete en honor de los reyes holandeses en el palacio imperial de Tokio. El año pasado, acompañó a su esposo a la coronación del rey de Tonga, Tupou VI, donde los medios nipones desplazados a tal evento la retrataron «feliz y sonriente».

Pero esta recuperación gradual podría venirse abajo cuando el Príncipe Heredero releve a su padre como regente de Japón y ella se convierta en emperatriz consorte. Con casi 83 años, que cumplirá en diciembre, Akihito reconoció el lunes que su delicada salud le impide seguir cumpliendo con sus obligaciones como Emperador como ha venido haciendo hasta ahora. En el segundo mensaje televisado de su reinado, lo que da buena cuenta de la importancia del asunto, abogó por la regencia de su hijo Naruhito, que tiene ya 56 años.

Aunque este relevo en el Trono del Crisantemo tardará todavía algún tiempo, ya que el Gobierno tendrá que reformar la Constitución, la princesa Masako se enfrenta de nuevo a un momento crucial de su vida. A sus 52 años, puede verse atrapada otra vez por la vorágine de la agotadora actividad oficial que desempeña el Emperador en Japón, cuya agenda incluye cada año más de 250 encuentros oficiales y 75 viajes domésticos y al extranjero. Una vez que el Emperador Akihito abdique en su hijo, habrá que ver cómo se adapta Masako a su nuevo papel en la corte nipona, mucho más sujeto al ojo escrutador de la opinión pública y los medios.

De todas maneras, los historiadores recuerdan que la actual Emperatriz, Michiko, tampoco se mostraba muy cómoda durante su juventud, ya que fue la primera plebeya en casarse con un miembro de la Familia Imperial nipona. Sin embargo, con el tiempo se fue acostumbrando a su posición y logró ganarse junto a su marido el corazón de sus súbditos. Con su misión ya cumplida, ambos planean cederle el trono a Naruhito y Masako. Cumpliendo con la promesa que le hizo cuando le declaró su amor, el Príncipe Heredero tendrá que seguir luchando por proteger a su esposa, la «princesa triste» de Japón, cuando se convierta en Emperador.

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