Emperatriz Carlota visitó Yucatán atraída por los mayas

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Mérida, 22 Noviembre 2015.-
El 22 de noviembre de 1865, la emperatriz Carlota visitó Yucatán, un viaje con fondo político, pero también por sentirse atraída por las ciudades precolombinas mayas, señaló el historiador Ludwig Nolte Blanquet.

Bajo el título “La visita de la emperatriz Carlota a Yucatán: 150 aniversario”, el especialista destacó el “gran deseo” que tenía por conocer el territorio de los mayas, como puede comprobarse en diversos documentos, principalmente, cartas que envió a sus familiares.

Durante una videoconferencia desde el salón de Cabildo de Morelia, Michoacán, a la galería Arte Objeto de esta capital, destacó que María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina conoció primero Uxmal y Chichén Itzá gracias a litografías de Frederick Catherwood, importante explorador en Yucatán.

En un principio, añadió, la visita estaba planeada para la pareja, pero Maximiliano de Habsburgo optó por quedarse en la Ciudad de México para atender asuntos oficiales.

Carlota salió de Veracruz el 20 de noviembre de 1865 y llegó dos días después, el 22 de noviembre del mismo año, a Sisal, el puerto yucateco más importante de la época.

Otro motivo por el cual se eligió a Yucatán para esta visita fue debido a la renuencia de la clase política con el gobierno juarista, pues Yucatán no se adhirió a la República de aquel entonces, al mismo tiempo que apoyaron a la nueva monarquía.

Nolte Blanquet señaló que la llegada de Carlota también tuvo un impacto en diversos ámbitos, como el arquitectócnico, como por ejemplo, se instalaron columnas de mampostería o leguarios que sirvieron de guía a la emperatriz Carlota en su trayecto a Mérida.

“”De las 40 marcas de legua o leguarios que existían en el camino de Sisal -entonces puerto de entrada a Yucatán- a la ciudad, sólo quedan ocho ubicados cerca de la costa, en así como en las comunidades de Hunucmá, Ucú y Caucel”, dijo.

Abundó: “La visita de Carlota a Yucatán tuvo por objetivo darse a conocer y conocer a su gente, por lo que el 22 de noviembre de 1865, llegó a Sisal y recorrió diversos puntos del estado, al que describió como ‘el país blanco’, debido a que las casas, la ropa y hasta el suelo -la arena de la playa- eran blancos.

“El carruaje llegó a Hunucmá, donde Carlota pernoctó, arribando a Mérida el 23 de noviembre, donde entró por el barrio de Santiago Apóstol, pero fue tal la euforia generada entre las y los jóvenes de la época que llevaron el carruaje hasta la Catedral metropolitana, donde al final se hospedó en una casa frente a la llamada Plaza Grande”.

Carlota y sus damas de compañía fueron a caballo a Uxmal y, tras su estancia en Yucatán, la emperatriz visitó Campeche e Isla del Carmen.

Paradójicamente, con la visita de la emperatriz “los yucatecos se sintieron más ligados al país, más mexicanos y pudieron darse a conocer, e incluso, varias damas y chambelanes recibieron nombramientos honoríficos”.

“Mérida fue, para Carlota y para el Segundo Imperio Mexicano, muy importante, ya que desde aquí pudieron vislumbrar la posición política que jugaba estar parte del país”, en aquel entonces, tan alejada de la capital y sobre todo ver qué es lo que sucedía en Centroamérica”.

Por su parte, el sobrino tataranieto de Maximiliano de Habsburgo, Carlos Felipe de Habsburgo-Lorena y Arenberg, detalló que “Carlota fue recibida con los brazos abiertos. Mérida fue una de las ciudades en las que más escribió cartas a su hermano y a su padre”.

Apuntó que las secuelas de su visita a Yucatán fueron notables e inmediatas, como la entrega de títulos honoríficos hasta cambios en la arquitectura con la adhesión a edificios de motivos afrancesados.

(Periodismo Digital)

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