¿Por qué es tan difícil que el mundo se ponga de acuerdo en la lucha contra el cambio climático?

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ANÁLISIS | Se aprueba un nuevo borrador, más complejo, que dificultará lograr el acuerdo en la COP21 de París

La COP21 de París huele a fracaso. Una vez más el mundo es incapaz de ponerse de acuerdo en la lucha contra el cambio climático. Todos los países saben que las emisiones de gases de efecto invernadero son dañinas tanto para el planeta como para los que vivimos en él. Pero el ser humano es así de caprichoso. Son muchos los intereses en juego, casi todos ellos económicos. Y claro, cuando el dinero está de por medio, puede suceder cualquier cosa, y normalmente no suele ser buena. 

El caso es que esta semana se ha vivido en Bonn la última oportunidad para lograr un acuerdo global en la lucha contra el cambio climático. Y más que acercamiento, ha habido separación entre los negociadores. Este viernes se ha aprobado un borrador de 55 páginas, que deberá ser trabajado para su aprobación definitiva en la conferencia internacional de París (COP21), en diciembre.

“El texto irá tal como está a París”, declaró el copresidente de la reunión en Bonn, el argelino, Ahmed Djoghalf, ante los representantes de 195 partes del acuerdo, antes de dar por cerrada la ronda negociadora.

El texto es más largo y confuso que la primera versión al inicio de la semana, de 20 páginas, que despertó el enojo de los países en vías de desarrollo, y también que la siguiente versión, de 34 páginas, a mediados de semana.

Pero lo peor de todo es que han sido incapaces de sentarse a negociar entre el G77 y los países más desarrollados. Lo dejan todo para la última ronda. Parece que es la última mano de una timba de póker en la que se jugarán todo o nada de un acuerdo climático. 

La tensión y el desacuerdo han provocado la aparición en las negociaciones del fantasma del que nadie quiere oír hablar, pero cuyo nombre ha osado a pronunciar, muy enfadada, la representante de Venezuela, Claudia Salerno: “Yo ya he visto esta película… espero que no sea una muy, pero que muy mala segunda parte de Copenhague” (en relación a la última cumbre en la que se trató sin éxito de lograr un pacto climático).

Se van a cumplir casi 30 años desde que la primera vez se intentó frenar el avance de las emisiones de gases. Fue en Montreal, en 1987, con el protocolo relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono. Luego le siguió la creación del “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático” establecido conjuntamente por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en 1988. 

Se llegó a Nueva York en 1992 para aprobar  la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Y lo siguiente fue el archiconocido protocolo de Kyoto en 1998. Después llegaron las distintas COP, fracasadas una detrás de otra. La última importante fue la de Copenhague, cuya cumbre distanció a las partes hasta que se llegó a Lima para poner en marcha la COP21 de París y volver a intentar lograr un acuerdo. 

Ahora en Bonn, donde se esperaba que limaran diferencias las partes, ha ocurrido todo lo contrario. El texto deja todo en el aire al poseer 1.490 paréntesis (frente a los 231 anteriores) en los que todavía se contemplan casi todas las opciones.

La mayoría de los puntos del acuerdo cuentan con varias propuestas de redacción diferentes y, como ha reconocido en una rueda de prensa la jefa del equipo negociador de la Unión Europea, Elina Bardram: “Están muy lejos de donde deberían de estar”.

Money, money

La principal causa del desacuerdo es el dinero. Eso es lo que siempre ha distanciado al Norte del Sur, a los países desarrollados de los que están en vía de serlo. En este caso, un importante grupo de países en vías de desarrollo (fundamentalmente el G77 y China) han clamado que el borrador de 20 páginas que se manejaba hasta ahora era “extremadamente desequilibrado” y no reflejaban sus puntos de vista.

Esos algo más de 130 países, que aglutinan al 80% de la población mundial, persiguen una promesa clara y por escrito de que los países ricos contribuirán económicamente a su mitigación y adaptación al cambio climático fundamentalmente por dos vías.

Una de ellas es el Fondo Verde para Clima, que debería recaudar 100.000 millones anuales a partir de 2020, de fuentes públicas y privadas; y la otra es el llamado “Mecanismo de Pérdidas y Daños” originados por el cambio climático, con el que estos países buscan compensaciones por los daños ocasionados por el cambio climático.

Gran partes de sus reclamos han sido añadidos como opciones al texto sumándole alrededor de 14 páginas, si se ponen juntos, punto por punto, pero nada garantiza que vayan a estar en el posible pacto final.

En el llamado bloque de los “países ricos”, ni la Unión Europea ni Estados Unidos se niegan a incluir la financiación aunque si son reticentes a expresarlo con palabras comprometedoras, y, en cualquier caso,quieren que la terna de los donantes entren países como China, que el pasado mes ya anunció 3.000 millones en ayudas a la adaptación.

Ecologistas

Por su parte, Greenpeace ha constatado la falta de ambición y lentitud en las negociaciones, que contrasta con la urgencia que exige atajar el cambio climático.

“Esta semana comenzó con un poderoso tifón batiendo Filipinas, la 12ª gran tormenta que golpea el país este año, y termina con Méjico a punto de sufrir el impacto del huracán Patricia, el más poderoso que se ha registrado nunca en el hemisferio Norte. No hacen falta más recordatorios de que ya estamos sintiendo los impactos del cambio climático”, ha declarado Martin Kaiser, jefe de la delegación de Greenpeace en las negociaciones.

El portavoz de Greenpeace ha destacado que las negociaciones han seguido durante cinco días sin sensación alguna de urgencia, lo que pone más presión ante las negociaciones de París, y hace mucho más difícil que se alcance un acuerdo ambicioso. 

Greenpeace considera que la falta de tiempo se está convirtiendo en un serio problema. “Los negociadores se están poniendo nerviosos y es comprensible dado lo que está en juego. Todo el mundo quiere jugar sus cartas muy tarde, pero no todos pueden tener un as en la manga. Yesto es demasiado importante como para considerarlo una partida de póker. Los países tienen que soltar sus cartas y jugar la partida como un equipo”, ha apuntado Kaiser.

Greenpeace lo tiene claro de quién es la culpa de que no se alcance un acuerdo: el sector petrolero. “A falta de solo cinco semanas para París, tenemos 55 páginas. Y no es lo bastante específico en algunas de las cuestiones clave. Está claro por qué ha pasado esto: los países productores de petróleo están intentando bloquear las negociaciones y secuestrar este proceso para sus propios fines. No se les debe permitir que se salgan con la suya”, ha dicho Tatiana Nuño, representante de Greenpeace España en la delegación ecologista en Bonn. 

Algunas mejoras

A pesar de que el texto haya crecido, la directora de la Oficina Española de Cambio Climático, Valvanera Ulargui, se mostraba contenta de que la Unión Europea haya introducido más ambición en el borrador de la que había hace cinco días.

Ulargui valora haber logrado introducir nuevo texto marcando un objetivo de reducción de emisiones a largo plazo, que para los países de la UE pasa por una reducción de emisiones mundial de entre un 70 y un 95% en 2050 respecto a los niveles de 2010 y por cero emisiones en 2100.

También ha considerado positivo que el borrador recoja reglas de transparencia y mecanismos para revisar al alza los compromisos de reducción, así como que incluya la regulación de emisiones del transporte marítimo y de la aviación.

La directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París, Teresa Ribera, ha explicado que “a pesar de los avances sustantivos, la situación está tan abierta que deja en manos del Gobierno francés la capacidad de sacar lo mejor de cada uno”.

Así, el presidente de la COP y ministro de exteriores francés, Laurent Fabius, tiene un gran esfuerzo diplomático por delante en la “pre-COP” o reunión informal de ministros que tendrá lugar el 8 y 9 de noviembre en París, así como en la inauguración de la Cumbre de París, para la que ya han confirmando su presencia 80 líderes mundiales.

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(Periodismo Digital)

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