Mayas asocian suicidio con epidemias y ser extraordinario

Laura Hernández Ruiz sobre libro sobre el suicidio en Chichí Suárez.

Laura Hernández Ruiz sobre libro sobre el suicidio en Chichí Suárez.


Mérida, 10 Septiembre 2015.-
Para comunidades subrurales mayas, la consumación de un suicidio en este entorno estaría justificado bajo la creencia de que éste tiene su origen en una epidemia o bien, por la posesión de un ser extraordinario, que controla a quienes tienen el espíritu y la mente débil.

Según el estudio denominado “Percepciones y representaciones sociales del suicidio en Chichí Suárez, Yucatán”, la investigadora Laura Hernández Ruiz destacó que tras un acto suicida, existen prácticas sociales y culturales orientadas no sólo a justificar el acto mismo, sino a preservar la “existencia espiritual” del suicida.

El estudio desarrollado durante cuatro años en la subcomisaría de Chichí Suárez, ubicada a nueve kilómetros al noroeste de Mérida, establece que aun cuando un suicidio rompe con el equilibrio social, este suele ser momentáneo, pues llega a ser un factor de unidad entre la comunidad que se une para evitar se vuelva a repetir.

La especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) destacó que entrevistas con 118 familias de esta comunidad, señalan que los disturbios familiares, las decepciones amorosas, enfermedades, muerte social, consumo de drogas lícitas a ilícitas, son vistos como factores que provocan debilidad mental y espiritual del suicida.

Indicó que en la mayor parte de los casos, existe un binomio que consideran llevará al suicidio: un problema social más la presencia “del diablo, del mal, del demonio, de satanás, de la tentación o del otro”.

Para muchos pobladores mayas, el acto suicida es como una epidemia, como una enfermedad que se propaga por el ambiente y afecta a los más débiles.

En otros casos, aseguran que es “el otro, el mal, que viola la voluntad del sujeto suicida, esto como una manera de explicar un hecho que no pueden entender, para liberar al suicida de una responsabilidad religiosa y para que la familias se eximan ante amigos y la comunidad de la acción de su familiar”.

Un suicidio en esta comunidad -elegida por el estudio por el alto número de casos, incluso existen dos familias donde al menos dos de sus miembros se han quitado la vida- rompe con el equilibrio no sólo de la familia, sino de la comunidad, pero al mismo tiempo provoca unidad para asumir medidas que impidan que el suicida se lleve a otro.

Evocó que la mayor parte de los suicidios entre los indígenas mayas aun es por ahorcamiento y existen muchas prácticas en torno a un suicidio: como por ejemplo, el cortar el árbol utilizado para el suicidio y plantar en el sitio una cruz.

Otra práctica es golpear nueve veces con alguna rama particular -como ramón o albahaca- el cuerpo del difunto, a fin de que el diablo no intente llevarse a nadie más de la familia o del pueblo, tareas que corresponden realizar a la gente mayor, quienes son vínculo entre el “aquí y el allá”.

Pese a que existe temor tras un suicidio, existen rituales que son necesarios realizar para el andar del alma del muerto, que bajo la justificación de que fue poseído por el demonio, estaría en camino al purgatorio, sitio vislumbrado por la creencia católica.

Es por eso, que al difunto se le colocan en el féretro ramitas de roble para que tengan sombra en su camino, agua para calmar la sed, incluso algún vecino puede pedir permiso para que a través del suicida, envíe algún regalo a un pariente muerto.

La comunidad es la que se une para rezar por el alma del muerto, es la que acompañará a la familia para evitar que se repita, pero también estos son actos que tratan de evitar que de nueve se presente “el otro” y se lleve a alguien de su familia.

Sin embargo, el suicidio también impone desazón en algunos sectores de la población, imponiendo sanciones morales para la familia, como por ejemplo el tratar de impedir que se entierre al suicidio en el cementerio local, que se haga fuera de este espacio o se deje sobre la albarrada.

En muchos casos, se pide que se le entierre boca abajo, empero siempre se impone la voluntad de la familia que obliga sea boca arriba -con la idea de que Dios lo perdone y lo pueda mirar a la cara-, así como en dirección Este, es decir, por donde sale el sol.

La presencia del suicida estará siempre enmarcada por el recuerdo de la familia, existen aniversarios muy especiales: el primero corresponde al de su muerte, el segundo al de su cabo de año, un tercero es el de su cumpleaños y por último, el del Hanal Pixán o la festividad anual de la comida de las ánimas.

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(Periodismo Digital)

 

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