Trova yucateca, conjunción de poesía, música, mujer y pasión

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Mérida, 6 Julio 2015.-
Poesía y música, mujer y pasión, remanso y amor, son palabras que describen a la trova yucateca, expresión auténtica y viva de la cultura popular que jóvenes de entre 15 a 25 años están dispuestos a preservar y difundir entre las nuevas generaciones.

Los ecos de «Noche envidiosa», «Guitarrita yucateca», «Mi mal comportamiento» o «Peregrina», se escuchan en cada rincón de la Escuela de trova yucateca y música popular «Juan Acereto», en donde desde hace seis años jóvenes ingresan para aprender a tocar un instrumento y egresan con la convicción de amar la trova.

Aunque la trova yucateca cuenta con una tradición de más de 100 años, fue hasta 2009 que se creó esta escuela, donde los futuro troveros aprenden esta disciplina musical, «no sólo de oído», sino en forma pedagógica y metodológica.

«La trova yucateca es tal vez la forma más genuina de la cultura popular, por tanto es necesario que se enseñe y se transmita, de lo contrario lo que no se enseña se pierde», expresa Ricardo Vega Díaz, director de la escuela.

Cuatro generaciones de trovadores han salido de este instituto y con ellas historias de vida de adolescentes, quienes además de ganarse el sustento de manera profesional con esta música, también han dejado atrás indisciplina, fracaso escolar, entre otros.

Con 40 años, como trovador, Vega Díaz recuerda que en antaño la única manera de ser trovador era escuchar de oído a los músicos experimentados, tocar la guitarra y tener mucha pasión por esta expresión musical.

Yucatán, añade, es cuna de troveros, cuna de una excelsa trova, con más de 100 años de tradición, pero falta de espacios donde pueda aprenderse a tocar.

Básicamente tenemos cinco años de contar con una escuela de trova, cuando en otros lugares como Guadalajara, el mariachi lleva 60 años enseñándose de manera formal.

Durante tres años, «los estudiantes son sometidos a un entrenamiento auditivo, se les educa en técnicas y anotaciones guitarrísticas, se les enseña sobre armonía aplicada a la guitarra, así como el canto y el estilo propio de la trova -a media voz y no tan colocada”.

La historia y la discografía de la trova también son materia elemental donde se conoce a los poetas y músicos que combinaron sus talentos para crear piezas musicales únicas, como «Caminante del Mayab” -considerada una danza de evocación maya- o «Peregrina» una danza habanera.
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Y es que la trova yucateca está plasmada de ritmos caribeños, provenientes de Cuba que aportó a la música local el bolero, la habanera y la clave, así como Colombia con el bambuco

Las técnicas vocales, la autoría y la composición, también forman parte de esta formación integral que se oferta a los jóvenes, que en promedio suman por año 135 estudiantes, quienes al finalizar su formación no sólo se convierten en intérpretes, sino también en investigadores y docentes..

La realidad, recuerda el trovador y maestro, es que muchos de los que ingresan no saben que es la trova, otros la han escuchado de sus padres y abuelos, razón por la cual muchos adolescentes y jóvenes la consideran «música para viejitos».

Cuando egresan de la escuela, no sólo se van sabiendo más sobre la trova, sino además se convierten en sus defensores y promotores.

Uno a uno, Vega Díaz recorre los salones donde la pasión de maestros como Alfredo Gamboa Rosales, con 63 años como trovador, se nota con el pasión que aplica sobre la guitarra y la voz cadenciosa que envuelve la atención de sus alumnos mientras entona «Noche envidiosa».

Aunque las instalaciones de la escuela «Juan Acereto» son modestas, el orgullo y la tenacidad de sus estudiantes, como Miguel Francisco Solís López, son muestras fehacientes de que esta centenaria expresión musical se niega a morir.

“Al principio sólo deseaba aprender a tocar un instrumento, pero aquí descubrí que aprender sin conocer tu cultura es un error, por eso aquí lo que aprendemos en realidad es nuestra cultura, es cómo se expresa ésta a través de la música”, comenta.

”Yo escuchaba esta música de mi abuelo, agrega, alguna vez en un concierto, pero la realidad es que no conocía nada y al estudiar la trova no sólo me gustó, sino que la convertí en parte de mi vida, es algo que me acompaña día a día, lo tengo siempre presente”.

Miguel, quien prepara con varios de sus compañeros de escuela su participación en un festival de fin de curso, destaca que la magia de la trova yucateca es que puede ser interpretada en todo momento y escenarios, ante la riqueza musical de la misma.

Hay melodías para todo momento, algunas son preciosas para los escenarios, otras muy bonitas para las serenatas y otras para las ocasiones en las que se reúne la familia o los amigos, es esto lo que hace maravillosa a la trova.

“No tengo una canción preferida en lo particular, a mi gustan más los ritmos, la rítmica de la canciones, algunas son muy instrumentales como los bambucos, otras gustan por sus mensaje, como los boleros y otras porque es el eco de la guitarra la que te hace gozar y sentir la interpretación”, señala.

Pese a la pasión con la que Miguel habla de la trova, está consciente que necesita difundirse más entre las nuevas generaciones, ya que «ese es un problema hoy en día: no es muy conocida y no muy gustada entre los jóvenes, pues dicen que es música de viejitos”.

Y puntualiza: “Nosotros luchamos porque se rompa con esa idea, que se pueda concebir como una música para todos y que a la vez, podamos promover la música yucateca entre todos los sectores de la sociedad”.

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(Periodismo Digital)

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