Un hombre se lava las manos con agua y jabón

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Un nuevo estudio denuncia los riesgos del triclosán, un componente habitual en jabones y genes antimicrobianos. Según sus datos, obtenidos en estudios en ratones, provoca daños en el hígado y cáncer.

La pandemia de gripe A puso de moda el uso generalizado de jabones y geles antimicrobianos. Ante el riesgo de contagio, estos productos prometían una mayor protección que los jabones habituales, por lo que su empleo se extendió entre la población general. Sin embargo, varios estudios han señalado que sus riesgos superan a sus beneficios y que, en realidad, no aportan nada adicional al tradicional lavado de manos.

Un estudio publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se suma a esta corriente y muestra que su empleo puede acarrear graves consecuencias a largo plazo, si bien hay que destacar que la investigación se ha realizado en ratones, por lo que sus conclusiones podrían no ser extrapolables a los humanos.

En concreto, este trabajo, coordinado por investigadores de la Universidad de California, ha puesto de manifiesto que el uso de triclosán se asociaba con daños en el hígado y un mayor riesgo de cáncer.

Para llevar a cabo la investigación, este equipo expuso a un grupo de ratones al triclosán durante un periodo de seis meses lo que, según afirman, puede equivaler a 18 años para un ser humano. Después, compararon su evolución con la de ratones que no habían tenido contacto con el compuesto químico.

Su análisis demostró que los ratones expuestos al producto antimicrobiano eran más susceptibles que el resto a padecer tumores en el hígado. Según explican, el triclosán podría interferir en los mecanismos que permiten al hígado ‘limpiar’ el organismo de químicos externos. Para compensar esta disrupción, el hígado actúa provocando una proliferación celular, lo que puede generar una fibrosis con el paso del tiempo. Asimismo, esta fibrosis continuada abre el camino a los tumores, señalan los científicos.

Según explican en la revista científica, el triclosán es uno de los antibacterianos más usados entre los consumidores. Se han encontrado trazas hasta en el 97% de las muestras de leche materna y en la orina de cerca del 75% de las personas analizadas.

De hecho, los efectos del triclosán sobre la salud se están analizando en estos momentos por parte de la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA en sus siglas en inglés), entre otros organismos.

Según aclara la web del citado organismo gubernamental, hay indicios de que este y otros componentes químicos de los jabones antimicrobianos «pueden contribuir a la resistencia bacteriana a los antibióticos y pueden tener efectos hormonales inesperados».

Debido a esta sospecha, el pasado mes de diciembre la FDA propuso un cambio en la regulación para que los fabricantes de este tipo de productos tengan que «proporcionar datos más concretos para demostrar la seguridad y eficacia de los jabones antibacterianos».

La regulación propuesta sólo incluye aquellos jabones antibacterianos, ya sean de tocador o líquidos para el cuerpo, que se utilizan con agua. No se aplica a los desinfectantes de manos, toallitas para las manos o los jabones antibacterianos que se utilizan en los entornos de atención médica, como hospitales.

«No hay evidencia de que los jabones antibacterianos de venta libre que existen en el mercado sean más eficaces para prevenir las infecciones que el mero uso de agua y jabón común y corriente», concluye la FDA, que recuerda que «lavarse las manos es una de las medidas más importantes que pueden tomar las personas para evitar enfermarse y prevenir que los gérmenes se propaguen a los demás».

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