El hombre que frena el ébola

Momoh Konte,en su despacho de Freetown (Sierra Leona).

Momoh Konte,en su despacho de Freetown (Sierra Leona).

Busquen su nombre en el mapa. Se trata de un área de selva encajada entre Guekedou (Guinea), el lugar en el que comenzó este brote letal, y las zonas de Kenema y Kailahun (Sierra Leona), las dos más afectadas por el virus en el país. Koinadugu tiene todos los números para convertirse en la zona cero del ébola, pero es todo lo contrario: ebola free district (Distrito libre de ébola).

Ninguno de sus 265.000 residentes ha contraído la enfermedad, lo que durante meses ha llamado la atención de los epidemiólogos que trabajan sobre el terreno. Es cierto que se trata de un área agreste en la que las montañas y la falta de carreteras ayudan a que el virus no se expanda, pero no es suficiente para explicar el fenómeno. Ese algo más se llama Momoh Konte, un hombre de negocios que dejó su oficina en Washington para volver a su tierra y poner en marcha un exitoso dispositivo de contención de la enfermedad.

El Washington Post habló con él en su nuevo cuartel de Freetown para conocer algunas claves de su éxito. Konte no es ningún experto sobre el ébola. Sabe que el virus salta de persona en persona mediante el intercambio de fluidos, que es lo que hay que combatir. Nada más llegar, invirtió 2.000 euros en mascarillas y guantes y los repartió entre el personal médico y los policías que tenían que hacer guardia en los confines del territorio.

Konte, de 43 años, nació en la capital del distrito, Kabala, pero dejó su país hace décadas para estudiar en Harvard y poner en marcha la industria de telecomunicaciones en Sierra Leona, por eso tenía las conexiones políticas necesarias para ponerse al frente de la respuesta sanitaria en su propia tierra.

Llegó a Freetown con varios tanques de cloro que pronto puso a disposición de sus ciudadanos. Se reunió con líderes locales no para imponerles unas medidas determinadas, sino para implorarles su ayuda. Así, reconociendo su ascendencia sobre la población, los ganó para la causa. «Es una lucha colectiva para defender nuestra condición», asegura a The Washington Post.

También combatió a los curanderos y convenció a sus vecinos de no recurrir a las tradiciones en los entierros de enfermos de ébola para evitar contagios masivos. Pactó con los taxistas que perdieran varios minutos explicando a sus clientes cómo combatir la epidemia. Instó a los cantantes locales a componer canciones sobre el ébola y creó equipos de vigilancia vecinal y lo que él llamó la Ebola task force, un pequeño ejército de 10 miembros bien pagados y formados por Médicos Sin Fronteras.

A los checkpoints que flanquean el territorio se les dotó de un simple termómetro para evitar que transitaran personas con fiebre y se montaron tanques de cloro en cada esquina, en cada camino, en cada mezquita y en cada iglesia, donde los domingos no sólo se escucha la palabra de dios, sino los consejos de cómo protegerse del virus.

Cada viajero que entre en la zona tiene que decir dónde va a quedarse y presentar un documento de invitación de un residente. Así ha evitado el tránsito sin control desde zonas afectadas por el ébola, aunque no se trata de una cuarentena militar, como otras que no han dado los resultados previstos y han incrementado el número de infectados y el sufrimiento.

Konte está consiguiendo su objetivo, aunque no les está saliendo gratis. Muchos granjeros se han manifestado contra sus medidas de aislamiento y con la autoridad con la que actúa, ya que ni siquiera es un cargo político: «Entiendo su posición», alega él, pero asegura que es capaz «de superar esos problemas y conseguir su apoyo» para la causa.

La pasada semana el gobierno informó de que se habían producido los dos primeros casos en su territorio. Él lo desmintió al instante: «Estamos trabajando para corregirlo. Se trata de una disputa estadística con un distrito vecino». Se trata de dos personas que entraron ilegalmente desde otra zona y que ya se encuentran localizadas y en cuarentena. La idea de Konte para desinfectar las casas en las que habían estado durmiendo estos enfermos es, cuanto menos, original: «Vamos a quemar esas viviendas y después ayudaremos económicamente a las familias para reconstruirlas».

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