El padre Dario Betancourt un nuevo amigo y hermano sacerdote

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Padre Alejandro Aguayo Escalante Asesor Diocesano de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo

Mérida Yucatán a 8 septimbre 2018.- Como un regalo de Dios en mi vida sacerdotal, conocí al padre Darío Betancourt, un sacerdote colombiano de casi ochenta años, que Dios le ha regalado el don de orar por los enfermos de todo el mundo, y que estos sean sanados por el único Salvador, Cristo Jesús. Lo conocí en un Congreso de Sanación organizado en la ciudad de Houston, Texas el año pasado y lo invité a visitar nuestra iglesia de Yucatán. Quiero compartir con los fieles de Yucatán algunas de las anécdotas de fe que ha vivido a lo largo de su vida sacerdotal y que las iré tomando de su libro titulado: “VAYAN Y CUENTEN, Las bendiciones de Dios”.

Cuenta el Padre Darío: Hacia el año de 1975 me encontraba en un pueblecito de Honduras llamado “Intibuca”. Hacia las seis de la tarde, terminando la celebración Eucarística, se presentó una indígena con el cadáver de su hijita de unos cuatro años y lo puso junto al altar. El pedido era que oráramos por ella para resucitarla. Por el momento me dieron ganas de reír, pero al ver la insistencia de la madre empecé a molestarme. Yo le decía al sacerdote que tradujera al lenguaje de los indígenas que la mamá debía aceptar la voluntad del Señor y que sepultara a la niña. El párroco le hacía más caso a la señora en su pedido que a mí y empezó a suplicarme que oráramos. Para entonces yo ya estaba muy disgustado con semejante espectáculo y con mucha rabia empecé a rezar. Pasó media hora y no sucedía el milagro. Yo me sentía cada vez más enojado. Entonces le dije al párroco: Mire padre: Esto yo no lo resisto. Así que me voy. El Párroco me dice: Padre Darío, hagamos lo que hizo el profeta Eliseo que resucitó a un niño soplando en la boca. Muy bien, le dije, puedes soplar a la niña.  Me dice él: Usted es el predicador. Sí, padre, pero fue usted el que tuvo esa maravillosa idea, no yo. Vuelve a decir: Padre, yo le soplo en el Nombre del Padre, usted en el Nombre del Hijo y yo de nuevo en Nombre del Espíritu Santo. ¿Qué le parece? Bueno, no está mal. De tres soplos me toca uno. Acepto.

El anciano sacerdote se puso en oración y la soplo en el Nombre del Padre. Por supuesto no sucedió nada. Yo la soplé en el Nombre del Hijo, con un poco de fastidio y repugnancia. Tampoco sucedió nada. Volvió el turno al Padre y después de una hermosa invocación al Espíritu Santo la sopló en la boca. Pasaron algunos momentos, no sé decir si segundos o minutos, pero miré el cadáver de la niña y vi que abría los párpados y los volvía a cerrar. Me estremecí pensando que soñaba. Me quedé mirando a la cara de la niña, y de nuevo volvía a abrir y cerrar los ojos. Ahora sí estaba estremecido. En cierto momento levantó los brazos y se sentó. Aquí fue la locura de todo el mundo comenzando por mí mismo. En este caso lo que es de admirar es la tremenda fe del anciano sacerdote y cómo a esa edad en tan poco tiempo habría logrado tanta conversión en su pueblo. Se cumplió aquí la promesa del Señor Jesús en San Juan: “El que cree en mí, hará cosas más grandes todavía” Jn 14,12.

Con mucha alegría les comparto a los fieles de la Iglesia de Yucatán que el Padre Darío estará en nuestra amada Iglesia de Yucatán en un Congreso organizado por el Equipo Diocesano de la Renovación Carismática Católica, llamado: “Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia”. Dicho evento se llevará a cabo en el Salón Chichen Itzá del Centro de Convenciones Siglo XXI los días 22 y 23 de septiembre del presente año. Están todos cordialmente invitados. Mayores informes en el facebook: Renovación Carismática Arquidiócesis de Yucatán.

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