La literatura en el norte del país

 

El norte no es la visión limitada del narco, la migra o la maquila, es un trabajo de artistas que cuestionan lo que es hoy nuestro país, dijo el escritor bajacaliforniano. (Foto: Secretaría de Cultura).

El norte no es la visión limitada del narco, la migra o la maquila, es un trabajo de artistas que cuestionan lo que es hoy nuestro país, dijo el escritor bajacaliforniano. (Foto: Secretaría de Cultura).

  • Si hay un rasgo cultural que define a los artistas del norte de México es el escepticismo, la capacidad de aceptar que buena parte de lo que se llama hoy arte es un espejismo, afirma el escritor Gabriel Trujillo, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Ciudad de México, 22 de diciembre 2016.- La idea de que todo lo valioso está en la Ciudad de México y no a lo largo y ancho de nuestro país, ha deformado en gran medida nuestra percepción del desarrollo de las artes en nuestra nación, y no ha permitido ver el bosque inmenso que hay en cuanto a creadores y obras por todos los rumbos de México, dijo el escritor Gabriel Trujillo Muñoz.

La cultura mexicana, incluyendo las manifestaciones artísticas y, en especial, la literatura, se han visto limitadas a lo que ocurre en el centro. No obstante, ahora mismo, gracias a las redes sociales, el centro es: múltiples centros, la cultura ha dejado de ser una rígida pirámide de poder y se ha empezado a democratizar, con lo que las voces de todas las regiones comienzan a hacerse oír con sus obras y trabajos, con sus visiones y proyectos, comentó el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, institución que forma parte de la mesa directiva del Foro Consultivo Científico y Tecnológico.

El escritor bajacaliforniano compartió en entrevista su visión del arte literario en el norte del país: “Es un arte surgido de la imperiosa necesidad de expresar un entorno distinto, una experiencia singular, la de vivir en la frontera con otra cultura con la cual dialogamos como vecinos cercanos. El norte –y más el norte fronterizo– no es la visión limitada del narco, la migra o la maquila, es un trabajo de artistas metidos a cuestionar lo que es hoy nuestro país, es el hecho de narrar la vieja historia, de que lo que no nos mata nos fortalece.

Nos hace apreciar mejor nuestra existencia colectiva a la orilla de nuestra propia cultura. Por eso los artistas norteños estamos tan conscientes de lo que somos: Hijos de la penuria, el dolor o la quimera. Como todo pueblo del desierto, creemos ser los reyes de la nada, los emperadores del vacío. Estamos ni mandados a hacer para vivir en esta era de abusos y congojas, en este tiempo de fanáticos y místicos. Pero si hay un rasgo cultural que nos define es el escepticismo, la capacidad de aceptar que buena parte de lo que se llama hoy arte es un espejismo, una imagen sin fondo”, definió.

Trujillo Muñoz, poeta, narrador, ensayista, creador y promotor de las artes y la cultura de Baja California destaca a su estado como un lugar que ha quemado etapas históricas a una velocidad vertiginosa. “Hay que recordar que hacia 1880 esta entidad era una región típica del viejo oeste, salvaje y llena de carencias, y hoy se ha convertido en una zona de vanguardia gracias a sus expresiones artísticas, en un polo de desarrollo de tecnologías de punta. Lo que a otras ciudades del país les tomó 500 años, a Baja California le tomó 150 a lo más para cambiar su destino. Es una frontera y esa es su fortaleza y su debilidad”.

El entusiasta promotor de los géneros olvidados de las letras nacionales (el horror, el policiaco, la ciencia ficción) destaca que el papel actual del arte y en particular de la literatura, es proporcionarnos elementos de juicio para encarar nuestra realidad. “Sin la literatura no comprenderíamos a cabalidad las circunstancias vitales en que nos movemos aquí y ahora. Pero hay que reconocer que en una época donde lo voraz, lo efímero, lo provisorio, lo virtual dominan, ponerse a leer el mundo parece cosa pasada, ejercicio inútil.

“Sin embargo –destacó– sin la lectura de nuestro entorno para descifrarlo, solo seríamos criaturas sin anclajes en nuestra propia historia, en nuestra propia comunidad. Creo que la literatura, como arte, nos enseña a asumir las múltiples identidades que concebimos como propias. Ya no somos un solo individuo sino seres multiculturales, en constante evolución, en perpetua metamorfosis. Solo que ahora dominamos mejor el proceso de crearnos a nosotros mismos a imagen y semejanza de nuestros sueños y ambiciones”, dijo el ganador del Premio internacional de poesía Pellicer-Frost en 1996.

Finalmente el escritor confesó que de todos los libros que lo han cimbrado se queda con Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Esta novela la leí a los quince años y me cimbró por su defensa del libro frente a los medios masivos de comunicación. Por su actitud de resistencia frente al confort de las mayorías que sólo piden pan y circo, chatarra mental y diversión permanente.

Como dato curioso, al preguntarle sobre qué se necesita para ser escritor, el autor de más de 130 libros confesó: escribe y borra. Borra y escribe. Sólo serás escritor si luchas contra el ángel del lenguaje, si no aceptas contar lo fácil sino lo difícil. No hay un decálogo para ser escritor, hay las ganas de hacerlo, desde luego, pero también debe haber la capacidad de autocrítica, la necesidad de no creer que porque tú lo hiciste ya es una obra maestra.

A escribir se aprende con disciplina, acertando y fallando a un mismo tiempo, no creyendo que es un juego imitativo más sino una creación donde tus ideas y fantasías, tus emociones y conocimientos están presentes. Son tu firma reconocible. Son tu estilo.

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