Cabezas gigantes realizadas con frutas y hortalizas atraen la atención sobre las comunidades rurales

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Cancún, 6 de diciembre de 2016.
 Para llamar la atención sobre los efectos que el cambio climático está teniendo en los pequeños agricultores y las comunidades rurales de los países en desarrollo, los artistas británicos Adam y Silas Birtwistle han presentado hoy en la Cumbre del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB COP13) en Cancún (México) las esculturas de cuatro cabezas gigantes realizadas con frutas y hortalizas.

Bajo el patrocinio del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), una agencia de las Naciones Unidas que ayuda a los pequeños agricultores a adaptarse a los efectos del cambio climático, las cuatro cabezas (expuestas en una vitrina refrigerada de bajo consumo energético) se esculpieron utilizando alimentos locales, muchos de los cuales son fundamentales para los medios de vida de los agricultores de la zona.

“Muchos de los alimentos que tienen su origen en estas zonas y que se utilizan en estas esculturas se ven amenazados por el cambio climático que afecta actualmente a México”, señaló el artista Silas Birtwistle. “Queríamos que los delegados negociadores en la CDB COP13 observaran por sí mismos la belleza de estos ingredientes y el papel fundamental que desempeñan en el bienestar de las comunidades rurales y, al mismo tiempo, dar voz a las comunidades rurales representadas en nuestras esculturas.”

Aunque los hermanos han trabajado en muchos lugares en todo el mundo creando sugerentes instalaciones artísticas hechas con materiales reciclados, es la primera vez que trabajan en colaboración con el FIDA y en México, utilizando ingredientes producidos por pequeños agricultores.

“Los agricultores tienen que trabajar con la naturaleza para crear un futuro donde la seguridad alimentaria sea verdaderamente sostenible”, señaló Margarita Astralaga, Directora de la División de Medio Ambiente y Clima del FIDA. “Al trabajar con Silas y Adam en la exposición de estas cuatro increíbles cabezas hechas con alimentos, mostramos el auténtico desafío que supone el cambio climático y la sostenibilidad ambiental para los pequeños productores en los países en desarrollo.”

El FIDA trabaja con los pequeños agricultores de algunas de las zonas más alejadas del mundo. Muchos de los alimentos que estos producen, ya sea arroz en Camboya, trufa en Marruecos o bagre en Viet Nam, se ven amenazados por el cambio climático y ambiental, que ejerce presión en la seguridad alimentaria local y nacional.

“La pérdida de biodiversidad y ecosistemas es real y se produce a diario, agravada por el cambio climático”, añadió Astralaga. “Estamos observando un aumento de la incidencia de las sequías, las inundaciones, las plagas, el ascenso del nivel del mar, la salinización, la irregularidad de las precipitaciones, el carácter imprevisible de las estaciones, la disminución de los rendimientos y la erosión de la capa superficial del suelo en muchas de las comunidades en las que trabajamos.”

“Esto se produce en un momento en el que, habida cuenta del crecimiento demográfico, tenemos que ampliar las prácticas agrícolas sostenibles y aumentar los rendimientos. El FIDA trabaja intensamente para ayudar a los agricultores a adaptarse a estos efectos del clima de una forma sostenible desde el punto de vista ambiental y que garantice la seguridad alimentaria a largo plazo.”

A pesar de los desafíos que afrontan numerosos agricultores debido al cambio climático y la degradación del medio ambiente, Silas Birtwistle dice que sus esculturas nos hablan, en realidad, de la esperanza.

“Organizaciones como el FIDA creen que el futuro reside en la sostenibilidad y adaptación ambientales y trabaja en países en desarrollo de todo el mundo, incluido México, para dar una voz a los agricultores y ofrecerles una solución tangible a fin de mejorar la gestión de los ecosistemas y abordar los cambios a los que se enfrentan.”

Las inversiones del FIDA, incluido el Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala (ASAP), ayudan a los agricultores de diferentes maneras, desde la instalación de sistemas de previsión meteorológica hasta la introducción de nuevas variedades de cultivos resistentes a las sequías, pasando por la creación de escuelas para agricultores en las que pueden mostrarse y difundirse conocimientos y nuevas técnicas de agricultura climáticamente inteligente.

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