Rousseff intentará que el Supremo anule el juicio por la parcialidad de los senadores

Dilma Rouseff se toma un respiro durante su último día de comparecencia ante el Senado - REUTERS

Dilma Rouseff se toma un respiro durante su último día de comparecencia ante el Senado – REUTERS

Pedirá que se rechace a los legisladores que anunciaron su voto antes del juicio

El reloj sigue corriendo para Dilma Rousseff, pero ella sigue empeñada en luchar hasta el final para mantenerse en el poder. La presidenta suspendida brasileña le dijo al senador Aluízio Nunes Ferreira (PSDB) que presentará una demanda judicial a la Corte Suprema si se confirma su destitución en el Senado y ABC supo este martes de fuentes de su equipo legal cuál será su estrategia. Rousseff pretende que el Supremo anule una hipotética condena con el argumento de que muchos de los 81 senadores que deciden su destino político anunciaron públicamente que votarían por la destitución antes incluso de que arrancara el juicio. Los abogados de Rousseff sostienen que ese hecho la convierte en una causa «contaminada».

Esto supone un cambio de estrategia, ya que los recursos elevados hasta ahora por la defensa de Rousseff al Supremo se limitaron a cuestiones de procedimiento. Los precedentes no son halagüeños para la mandataria. En sus recursos previos, los jueces del Tribunal Supremo se han resistido a revertir las decisiones adoptadas por los legisladores. Días antes de la votación sobre la admisión a trámite del caso en la Cámara, en abril, el Supremo rechazó repetidas veces las apelaciones de Rousseff.

La defensa esgrimirá el precedente de la destitución del expresidenteFernando Collor de Mello, en la que la mayor parte de la Corte Suprema se pronunció en contra del ministro Paulo Brossard, que sostenía que la Corte no puede revisar la decisión del legislativo sobre el juicio político. Pero la idea clave del escrito que prepara el equipo que dirige José Eduardo Cardozo es la de que los senadores que anunciaron el sentido de su voto antes de escuchar los argumentos de la acusada faltaron a su deber de imparcialidad y, en consecuencia, su veredicto no es válido.

 

Cardozo ha señalado públicamente que, de acuerdo con la Constitución,ningún menoscabo a los derechos fundamentales puede quedarse sin el amparo del poder judicial y el de la presunción de inocencia de la presidenta, sostienen sus allegados, no debe ser una excepción.

El recurso es la última bala en la recámara de una dirigente a la que casi todos las apuestas dan por finiquitada. Ella misma dijo en el pleno de la Cámara que no lo presentará si resulta absuelta en el proceso y logra salvar el cargo, pero ese supuesto es cada vez más inverosímil. El diario «Folha de Sao Paulo» publicó que ha consultado a los 81 miembros del Senado que la juzgan y que hasta el momento 52 han dicho que votarán por la destitución. Solo faltarían dos más para la mayoría que la convertiría en un hecho.

Protestas en las calles

Mientras tanto, la arena parlamentaria donde Rousseff libra la que parece su última batalla sigue muy revuelta. En el penúltimo día previsto del juicio a la líder del PT volvieron las acusaciones y los reproches de unos y otros. La abogada de la acusación contra Rousseff, Janaína Paschoal, lloró al hablar del sufrimiento que el proceso proporciona a la presidenta. «Sé que su situación no es fácil y espero que ella entienda que lo que hice fue pensando en sus nietos», dijo.

Después del discurso emocionado de Paschoal, llegó la crispación. El congresista José Guimaraes, del PT, llamó a Paschoal «golpista». Aunque lo dijo fuera del micrófono, los senadores de la oposición lo oyeron y llegó la bronca. El senador Aloysio Nunes Ferreira, del partido Socialdemócrata Brasileño, reaccionó airadamente y pidió que Guimaraes fuera expulsado del pleno. «Golpista es quien ha saqueado Petrobras, quien ha defraudado la contabilidad pública», le espetó. El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lewandowski, tuvo que parar la sesión para calmar los ánimos.

Luego intervino el abogado de la defensa de Rousseff, José Eduardo Cardozo, cuya intervención fue la última de las de los juristas. Instó a los senadores a aceptar la propuesta de Dilma de convocar un referéndum o nuevas elecciones para respetar así la voluntad popular que la eligió en octubre de 2014.

La tensión se contagió a las calles, donde partidarios de Rousseff se manifestaron en contra de lo que denuncian como un golpe de estado. La ciudad de Sao Paulo amaneció con cortes de tráfico en algunos de los puntos de más afluencia de vehículos provocados por los manifestantes del Movimiento de los Sin Techo (MSTS).

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