Desertar o morir en Corea del Norte

Kim Jong-un durante su discurso en el primer Congreso del Partido de los Trabajadores en Pyongyan el pasado 9 de mayo - REUTERS

Kim Jong-un durante su discurso en el primer Congreso del Partido de los Trabajadores en Pyongyan el pasado 9 de mayo – REUTERS


La huida de dos diplomáticos en las últimas semanas se suma a la larga lista de altos cargos que escaparon por temor a las purgas de Pyongyang

En las últimas semanas, dos diplomáticos norcoreanos han desertado del siniestro régimen que dirige el joven dictador Kim Jong-un. El último de ellos,Thae Yong-ho, era el número dos de la Embajada de Corea del Norte en Londres, donde llevaba diez años intentando contrarrestar la mala prensa de su país. Aunque disfrutaba de una vida privilegiada, parece que ni él mismo se creía la propaganda que tenía que «vender». Cuando llegó hace unos días a Corea del Sur con su familia buscando asilo, explicó que había huido para darle un «futuro mejor a sus hijos», según informa la agencia Yonhap. Echándole tierra encima, Pyongyang ha reaccionado a su fuga acusándolo de apropiarse de fondos estatales, vender información confidencial y hasta de violar a menores.

El otro desertor, Kim Chor-sen, trabajaba como tercer secretario de la legación norcoreana en Moscú y también escapó con su esposa y su hijo a Seúl en busca de algo que solo había conocido en el extranjero: la libertad. Ambos se suman a una larga lista de altos cargos que han desertado del régimen estalinista de Pyongyang, bien desengañados por el fracaso de su anacrónico modelo o bien aterrorizados por la brutal represión de sus purgas, especialmente crueles sobre las élites del Partido de los Trabajadores.

El más importante de todos ellos era Hwang Jang-yop, quien había sido presidente del Comité Permanente de la Asamblea Suprema Popular y estaba considerado uno de los artífices de la doctrina «Juche» (Autarquía) que impuso el fundador de la patria y abuelo del actual dictador, Kim Il-sung. Tras caer en desgracia para su hijo y sucesor, Kim Jong-il, Hwang desertó en 1997, cuando entró en la Embajada surcoreana en Pekín mientras hacía escala de un viaje a Tokio. Su huida airó tanto al «Querido Líder», de quien había sido tutor, que en venganza ordenó matar días después en Seúl a Ri Han-yong, sobrino de una de sus amantes y madre de su hijo mayor, quien también se había escapado años antes de Corea del Norte.

 

Del nivel de Goebbles

Tras su deserción, la esposa de Hwang se suicidó y una de sus hijas falleció en extrañas circunstancias al caerse de un camión, mientras que el resto de su familia acabó en un campo de trabajos forzados. Como bien comparó «The Washington Post» en su día, era como si Goebbles hubiera desertado de la Alemania nazi, ya que ofreció abundante información sobre el régimen a los servicios secretos surcoreanos, pero no supo predecir quién sería el heredero de Kim Jong-il. Amenazado de muerte por este, que incluso envió a dos espías para liquidarlo, falleció de un infarto a los 87 años mientras se daba un baño en su casa de Seúl en la mañana del 10 de octubre de 2010.Ese mismo día, el «Querido Líder» presentaba a su sucesor, Kim Jong-un, en un gran desfile en Pyongyang.

Junto a él, otro de los más prominentes desertores es Ko Young-hwan, quien en 1991 se convirtió a sus 38 años en el primer diplomático en escapar del régimen. Destinado en África desde 1979, fue traductor personal al francés de Kim Il-sung entre 1985 y 1987 y reveló buena parte de los secretos nucleares norcoreanos. También amenazado y bajo protección policial constante, es vicepresidente del Instituto para la Estrategia de Seguridad Nacional de Corea del Sur.

Su caso refleja bien el destino que espera a los desertores de alto rango, que se convierten en valiosas fuentes de información para los servicios secretos de Seúl y las organizaciones y universidades dedicadas al estudio de Corea del Norte. Al igual que él, el teniente-coronel Choe Ju-hwal, el más alto mando militar huido de Pyongyang, desveló aspectos cruciales del Ejército norcoreano tras escapar en 1995 y definió a Kim Jong-il como «violento, caprichoso e histérico».

Junto a una veintena de funcionarios, uno de los científicos del programa nuclear norcoreano, Kyong Won-ha, desertó en 2002. El año pasado, un coronel de los servicios secretos de Pyongyang huyó con datos de primera mano sobre el Buró de Reconocimiento General. La Inteligencia surcoreana sospecha que dicha agencia está detrás de los 50 muertos que dejó en 2010 el hundimiento de la corbeta «Cheonan» y el bombardeo de la isla de Yeongpyeong, así como de los «ciberataques» contra Sony por la película que ridiculizaba a Kim Jong-un.

«Habrá más deserciones de alto rango», pronostica para ABC Jang Jin-sung, ideólogo de la propaganda y poeta del «Querido Líder», quien huyó en 2004 y hoy dirige el observatorio New Focus International. Después de que Kim Jong-un ordenara ejecutar en 2013 a su tío y número dos del régimen, Jang Song-thaek, las deserciones de funcionarios de medio y alto nivel han aumentado por miedo a las purgas, que se habrían cobrado la vida de 70 de ellos el año pasado, según sospecha Seúl.

De los 29.000 refugiados norcoreanos que se han exiliado en el Sur desde el final de la guerra civil en 1953, la mayoría huyendo del hambre, el año pasado llegaron 1.276 y hasta julio ya sumaban 814. «Como ya hay tantos desertores, es difícil cumplir la norma de castigar a tres generaciones de sus familiares encerrándolos en campos de trabajo o eliminándolos», explica Jang Jin-sung. Sin embargo, apunta que «debido al impacto que tienen sus fugas, esta medida sí se aplicaría a los parientes de los desertores de alto nivel, como Thae Yong-ho».

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