Inviertan en campechanos para su engrandecimiento: Rafael Alejandro

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Campeche.-
El patrimonio más importante de Campeche es su gente, y en ella hay que invertir para su engrandecimiento, expresó la general brigadier médico cirujano, Clementina Espínola Zetina, al recibir el Premio Estatal “Justo Sierra Méndez, Maestro de América”.

En este sentido, la galardonada, conocida como la primera mujer con el grado de coronel en 1999 y la primera con el de general brigadier en 2012, resaltó la voluntad del gobernador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas para trabajar con todo por la educación.

“Su desempeño lo proyecta como hombre esforzado y visionario que reconoce la importancia de fortalecer el alma de su pueblo, apostando a la educación y a la enseñanza, tal como recomendara don Justo Sierra Méndez”.

Este premio, entregado por primera vez hace 35 años a María Lavalle Urbina,  significa a quienes se distinguen en el arte, la tecnología, las ciencias, la literatura o cualquiera otra manifestación que merezca el bien de la entidad.

El “Justo Sierra Méndez, Maestro de América”, que han recibido, entre otros, Álvaro Arceo Corcuera, Pedro Lara y Lara, Silverio Flores Cáceres, Ramón Piña Chan, Septimio Pérez Palacios y Perfecto Baranda Berrón, “siembra en el espíritu del homenajeado una gran satisfacción ante el deber cumplido y un enorme compromiso para seguirse superando”.

Frente a un público, entre ellos sus hijos, amigos y funcionarios, como el general de división Sergio García Alarcón, comandante de la X Región Militar, y del general de brigada David Moreno Gutiérrez, de la XXXIII Zona Militar, que la aplaudió de pie, rememoró su vida para explicar por qué la medicina y por qué el Ejército.

Espínola Zetina recordó su niñez, que vivió en Santa Ana, donde “creció entre libros de medicina y una caja de madera repleta de huesos humanos, los cuales mis hermanas y yo veíamos con una mezcla de curiosidad y asombro”. Así nació su inclinación por la medicina.

De su admiración por las Fuerzas Armadas, confesó que surgió en la infancia, “cuando de niña, en las escuelas primarias cantábamos Las Mañanitas a los soldados en su cuartel, cada Día del Ejército”.

La galardonada indicó que no la hizo desistir la advertencia de que a la Escuela Médico Militar solo entraban varones, aunque en 1973 la institución abrió sus puertas a las mujeres, “oportunidad de excepción que no dudé en tomar como proyecto de vida”. Era el resultado de las renovadas medidas gubernamentales de equidad de género. En 1975 la ONU estableció el 8 de marzo como “Día Internacional de la Mujer”.

Así se hizo cadete junto a 23 mujeres y 100 hombres, pero ella y dos compañeras más conformaron la primera generación de mujeres médicas militares. Obtuvo el título de mayor médico cirujano y partero en septiembre de 1979.

En abril de 2014 causó alta en situación de retiro, tras 41 años ininterrumpidos en las Fuerzas Armadas. Hoy se dedica a la medicina privada en el Hospital Español de México.

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