Trovadores cantan a Mérida en 474 aniversario de su fundación

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Mérida, Yucatán a 6 Enero 2016.-
Vestidos de blanco y con la voz entonada, cientos de trovadores cantaron a Mérida, la novia envidiada, la cual prodiga amor y esperanza a quienes han decido anidar en sus ramas siempre cálidas y románticas.

“Ciudad blanca eres tú”, reza el estribillo de una canción, la cual entonaron miles de voces que se sumaron al canto del trovador, en su paso por edificios construido con piedra maciza y embellecidos con colores pastel que resaltan la “blancura” de esta ciudad.

Se definió al parque de Santa Lucía, sede por antonomasia de las serenatas meridanas y su más de medio siglo de historia, para esperar la hora de ir en pos de la prenda amada.

Los mestizos, ataviados con sus blancas filipinas y pantalones, calzados con alpargatas chillonas, esperaron para avanzar unas cuantas cuadras y llegar a la Plaza Grande, donde los palacios municipal y de gobierno, la catedral y su Cristo de la Unidad, además de la Casa de Montejo, evocan el alma mestiza de Mérida.

Las mujeres también salieron a cantar a su ciudad amada, a la que, a decir de ellas, miran como una madre amorosa y amiga fiel, se vistieron con ropa blanca de fiesta, estampados de flores y aves de encendidos colores.

La noche pareció sucumbir ante el ánimo de propios y extraños, quienes alegres cantaban o tarareaban las canciones al compás que unos 130 trovadores marcaban en su paso a la Plaza Grande, donde todas las noches también deleitan con su voz a los enamorados.
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Como también lo hicieran trovadores de Yucatán como Pastor Cervera, Guty Cárdenas, Pepe Domínguez y Armando Manzanero, los cantantes de agrupaciones que llevan esos nombres no podían dejar de cantar temas propios del alma agradecida y enamorada como “A mi novia”, que Ricardo Palmerín y José Esquivel Pren inmortalizaron.

Es que donde hacen sus nidos el cenzontle y el ruiseñor, “Mérida”, también siguen otros himnos y versos, en completa competencia de sus creadores y al mismo tiempo, anteponiendo este orgullo al amor.

Así se escucha la idea del paisajista musical Luis Espinosa Alcalá y su “Mérida Colonial”, así también se disfruta “Flor con alma” revelaciones del enamorado que recuerda que la meridana es “de mirada angelical” y cuando besa lo “hace con alma”.

Y es que el canto a Mérida blanca no es exclusivo del nacido en sus entrañas, sino del que acepta esta maternidad como el duranguense Miguel Ángel Gallardo, quienes recuerda en “Acuarela de Mérida” que “quien te conoce nunca te olvidará”.

Así, siguió el andar de los cantantes que también recordaron la blancura de las “Manos de armiño”, al amante a distancia que crea himnos como Pepe Guizar y su “Ciudad Blanca” o la descripción del cielo azul y el canto de los trovadores que inundan el Mayab y que recuerdan la tradición en cada uno sus barrios, eso es “Mérida”.

La noche se convierte en madrugada y al amanecer se despide de su amada al ritmo del bambuco, la jarana o la clave, con las mañanitas que evocan su 474 años de vida y sin dejar de recordar que cada rincón de esta ciudad sabe y enseña a amar.
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