Producción de chile habanero requiere cambios para su exportación

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Mérida, 22 Noviembre 2015.- El presidente del Sistema Producto Chile de Yucatán, Mario Alfredo Ríos Urcelay, urgió a cambiar la cultura tradicional de producción de la especie habanero del picante y a lograr vías oportunas de financiamiento para el sector a fin de poder cumplir con la demanda internacional que hay de esa hortaliza.

En entrevista exclusiva con Notimex, el empresario agrícola afirmó que los productores yucatecos permanecen aún muy arraigados a sus hábitos de cultivo y cuidado del chile habanero, los cuales están reñidos con los estándares internacionales necesarios para lograr su exportación a todos los mercados internacionales que lo demandan.

Explicó que el campesino yucateco tiene la costumbre de producir el chile habanero y procurar su desarrollo mediante la aplicación de herbicidas con productos tóxicos que combaten plagas, pero que impiden su inocuidad y tener un estatus 100 por ciento orgánico que es lo que piden los clientes en el extranjero.

«Nuestro principal problema es la lucha contra la forma tradicional de producción que se basa en el abuso de sustancias tóxicas para el combate de esas plagas», comentó el funcionario,

También dijo que es necesario que los agricultores siembren en extensiones más amplias que el «mecate» (medida local) que tiene una extensión de 20 x 20 metros a diferencia de la hectárea de 100 x 100.

Aunado a ello, Ríos Urcelay consideró que los esquemas de financiamiento que hay para el sector impiden los recursos necesarios para que los productores, muchos de ellos ya capacitados bajo la cultura de inocuidad, puedan generar un chile habanero con los requerimientos demandados en el extranjero.

Agregó que ese financiamiento, al que criticó por no atender las necesidades productivas reales del sector, se destina en el escritorio al campo, pero no al campesino, prolongando la problemática que obstaculiza la cosecha de un chile con los estándares óptimos.

El dirigente abundó que actualmente hay una demanda de producción de mil 200 hectáreas, cada una con un mínimo de eventual cosecha de 10 toneladas, lo que harían unas 12 mil toneladas del picante con «inocuidad y trazabilidad» demandada por compradores de distintos países, entre ellos de Asia y Medio Oriente.

Al respecto, recordó que la inocuidad es la garantía que los productos comestibles tienen de que su consumo no representa peligro para aquellas personas que los ingieren, sea por tóxicos o por alguna otra circunstancia, mientras que a la trazabilidad la definió como la información que esos mismos alimentos llevan consigo en una bitácora informativa que da cuenta de todo su origen, desde su semilla.

Añadió que ante la perspectiva de exportación hay personal ya capacitado para poder generar chile habanero con las condiciones requeridas por compradores foráneos y estimó que en toda la península suman una cifra de mil 800, 900 de ellos en Yucatán y el resto en Campeche y Quintana Roo y quienes están dispuestos a someterse al esquema productivo de inocuidad y trazabilidad.

Todos ellos, dijo Ríos Urcelay, pueden trabajar en una agricultura de contrato, es decir, una producción basada en un convenio firmado con empresas que compran cantidades fuertes del producto, pero bajo sus condiciones.

Aclaró que los mil 800 productores pueden generar en los tres estados de la península mucho más de las 12 mil toneladas que podrían ser cosechadas en mil 200 hectáreas, pues hay demanda para ello y, además, las propiedades del habanero lo hacen muy versátil y con un amplio abanico de posibilidades más allá de la gastronomía.
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Por ejemplo, dijo, la extracción de la capsaicina (componente activo) del chile habanero tiene usos médicos, y sus oleoresinas sirven también para el «calafateo» de barcos con el objeto de evitar que el musgo se adhiera a sus cascos, así como para la industria aeronáutica, para protección de cablería de los aviones que así no pueden ser mordidos por roedores (por el picor).

Asimismo, para la industria cosmética que lo emplea como fijador de productos como perfumes, para el rubro de seguridad en el que se usa como componente esencial de gases lacrimógenos y para muchos otros propósitos.

Pero para que ello ocurra, insistió el dirigente, es necesario cambiar la cultura productiva y que los propios mercados mexicanos se vuelvan más exigentes y no compren el producto por comprarlo, pues así propician una zona de confort para aquellos que se resisten a tener un mercado más puro e inocuo y que al tener ese nicho garantizado, desdeñan la posibilidad de exportación y una mejora económica para el sector.

Citó a las centrales de abasto como los clientes de esos productores que no se preocupan por un control de calidad y consideró que ese esquema favorece también un «coyotaje que seguirá envenenando a la sociedad mexicana».

Sobre el chile habanero, resaltó que se trata de una especie que no viene de Cuba, sino de la región de las Amazonas en Brasil y que es en su estado natural la más picante de todo el mundo, y de manera especial la que se cultiva y cosecha en la Península de Yucatán.

A manera de ejemplo, citó que el chile jalapeño tiene una pungencia (picor) de cinco mil unidades en la escala Scoville, al igual que el serrano, mientras que el habanero tiene 350 mil.

Agregó también que hay otras especies como el Jalisco y el manzano, que en algunos casos de especímenes seleccionados pueden llegar a 250 mil unidades Scoville.

Existe también, dijo, una especie que fue desarrollada por especialistas del Centro de Investigaciones Científicas de Yucatán (CICY) que es la «Mayan-Kin» (Sol Maya) y cuya pungencia alcanza las 900 mil unidades Scoville.

Sobre las causas por las que la pungencia del habanero de la Península ha alcanzado una escala muy alta, el entrevistado explicó que las características de suelo y medio ambiente yucateco lo han propiciado, por la abundancia de plagas, la alcalinidad del territorio y el subsuelo rocoso, de piedra clara que en conjunto «estresan» a la planta y activan su sistema de «defensa» aumentando su picor y alejando así a eventuales enemigos.

En su caso, explicó, la roca blanca refleja los rayos del sol y los proyecta de regreso por abajo hacia esa hortaliza, lo que lleva al surgimiento de «chiles molestos», con mucha pungencia y un sabor especial.

Recordó también que el habanero de la Península de Yucatán fue en 2010 el primero entre 400 especies de chile que existen en conseguir su denominación de origen y luego también la Norma Oficial Mexicana. Hasta el momento, sostuvo, es el único en tener esa denominación.

En su opinión, el producto que se cultiva en la región tiene el potencial para lograr volúmenes exponenciales de exportación y de principio ya tienen el requisito número uno demandado por los clientes internacionales: Pungencia.

Pero también hacen falta el segundo y el tercero que son la inocuidad que permite entregar un producto sano y cumplir con lo convenido en el esquema de trabajo bajo contrato y la trazabilidad que le permite saber al comprador el origen de lo que adquiere desde su semilla, originaria en este caso de la Península de Yucatán y también conocer el manejo que se le dio desde la recolección, el embalaje y la transportación hasta sus bodegas.

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