La Kölner Akademie ofreció un fascinante concierto en el Palacio de Bellas Artes, dentro de Esto es Mozart. Festival Internacional

 

La agrupación alemana Kölner Akademie, dirigida por Michael Alexander Willens, interpretó tres piezas del genio de Salzburgo: la obertura de El sueño de Escipión KV 126, el Concierto para piano núm. 13 en do mayor KV 415 y la Sinfonía núm. 40 en sol menor KV 550, en el marco de Esto es Mozart. Festival Internacional, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

La agrupación alemana Kölner Akademie, dirigida por Michael Alexander Willens, interpretó tres piezas del genio de Salzburgo: la obertura de El sueño de Escipión KV 126, el Concierto para piano núm. 13 en do mayor KV 415 y la Sinfonía núm. 40 en sol menor KV 550, en el marco de Esto es Mozart. Festival Internacional, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

Ø En una pantalla gigante colocada al exterior del recinto de mármol también pudo disfrutarse el programa de la agrupación alemana, que fue transmitido en vivo, con sonido digital

México, D. F., a 29 de marzo de 2015.- A pesar del mal clima y de la tromba que cayó  en el Centro Histórico de la Ciudad de México, cientos de personas acudieron, entusiasmados, al concierto que ofreció la Kölner Akademie, dirigida por Michael Alexander Willens, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

Y no era para menos, ya que la agrupación alemana tocó tres piezas del genio de Salzburgo: la obertura de El sueño de Escipión KV 126, el Concierto para piano núm. 13 en do mayor KV 415 y la Sinfonía núm. 40 en sol menor KV 550, en el marco de Esto es Mozart. Festival Internacional.

Desde el inicio, con las primeras notas de la obra de un compositor tocado por la gracia divina, el programa prometía lo mejor. En poco menos de dos horas, la genialidad del autor austriaco nacido en 1756 resplandeció en el interior y en el exterior del recinto de mármol, donde se colocó una pantalla gigante en la que se transmitió en vivo, con sonido digital, el concierto.

La aparente sencillez de la obertura de El sueño de Escipión hizo estremecer a más de uno. Detrás de esa candidez se esconde una de las múltiples facetas artísticas de Mozart, a quien no queda más que agradecerle su generosidad de compartir lo mejor de sí, a pesar de las innumerables precariedades que padeció en su vida personal. En su música no hay rastros de amargura, sino destellos de genialidad y un vistazo al Edén prometido.

Gracia y encanto son dos palabras que muy bien pudieran resumir lo que encierra cada una de las creaciones de Mozart, como quedó demostrado cuando el fortepianista holandés Ronald Brautigam apareció en el escenario más importante de todo el país para ejecutar el Concierto para piano núm. 13 en do mayor.

Frente a los ojos de cientos de melómanos se dio un verdadero milagro musical. Las manos de Brautigam se deslizaban suavemente por las teclas de su instrumento y, más que tocar, parecía que entablaba un diálogo celestial con el compositor que vivió solamente 35 años.

La actuación del holandés fue brillante e irrepetible, de ahí que el público se haya puesto de pie para ovacionarlo. En tres ocasiones tuvo que salir para recibir al aplauso de los conocedores. Entre ellos se encontraba el clarinetista francés Paul Meyer, otro destacado participante en el festival.

Como la música de Mozart nunca cansa, el intermedio se hizo interminable. Pero después llegó el premio mayor, con la ejecución sobresaliente de la Sinfonía núm. 40, un verdadero festín para el oído y el cerebro. Sus cuatro movimientos son un testamento de Mozart, compositor que sigue demostrando una y otra vez que su obra es un regalo divino para los mortales.

“¿Qué tiene la música de Mozart que nunca desagrada y siempre deja satisfecho a quien la escucha?”, le preguntó un hombre del público a su acompañante, a lo que ella respondió, palabras más, palabras menos: “Su música no  hay que explicarla, porque los milagros no tienen explicación”. Ambos, posteriormente, se perdieron entre la gente que en esa noche lluviosa corría presurosa a refugiarse en la calidez de sus hogares.

El público también pudo disfr​utar del concierto a través de una pantalla gigante colocada al exterior del recinto del Palacio de Bellas Artes, transmitido en vivo, con sonido digital.

El público también pudo disfr​utar del concierto a través de una pantalla gigante colocada al exterior del recinto del Palacio de Bellas Artes, transmitido en vivo, con sonido digital.

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