Ricardo Arjona, casi una religión


El cantante guatemalteco, en Chile, más que una pasión…

SANTIAGO, Chile – Cuando más de 10 mil fieles seguidores se congregan en un recinto cerrado y, con una dosis innegable de devoción, alaban a su ídolo, estamos frente a una gran pasión, casi una religión, en este caso, hacia el guatemalteco Ricardo Arjona.

El intérprete programó esta semana, a partir del pasado miércoles, cinco conciertos en el Arena Santiago de la capital chilena, el cual recibe cada noche a más de 10 mil personas, en su mayoría mujeres, que cantan todos, pero absolutamente todos sus temas.

Si Arjona fuese un líder religioso, sin duda estaríamos ante un personaje carismático que, con cierta facilidad, deja a sus seguidoras en éxtasis gracias a sus canciones, incluso aunque, para ellas, haga alusión a la indeseable “grasa abdominal”.

Abuelas, madres, hijas y nietas se mezclan en el Arena Santiago, levantan sus brazos, se paran de sus sillas y cantan todos los temas por igual, entremezclados con gritos como “rico”, “llévame contigo” y “yo soy de las cuatro décadas”, entre otros.

Vestido de riguroso negro, Arjona extiende varias veces sus brazos durante el show, una imagen que podría relacionarse con una entrega total a sus incondicionales, las que gritan con entusiasmo cuando parece que él desea abrazar a cada una de sus fanáticas.

Temas como El problema, A la luna en bicicleta, Dime que no, Cuándo, Te conozco, Sin daños a terceros y Acompáñame a estar solo, entre otras, desfilaron en las casi dos horas de espectáculo, en un ritual que incluyó Señora de las cuatro décadas, casi un himno en esta especie de religión Arjoniana.

DUEÑO DEL ESCENARIO

El intérprete, dueño, amo y señor del espectáculo, se da ciertos lujos, como detener un tema porque una voluminosa maleta entorpecía el espacio visual de una seguidora.

Esta comunión no sería posible sin una escenografía dinámica, basada en una gigantesca pantalla que, entre otras imágenes, proyecta trenes antiguos, una estación de ferrocarril y, en algún momento, al Chapulín Colorado y Cantinflas.

Cumplidas casi dos horas de espectáculo, y dos regresos al escenario, Arjona ratifica que sigue siendo uno de los intérpretes con mayor arrastre a nivel regional y que, más que una pasión, seguirlo parece ser una religión para sus fanáticas, algunas de las cuales asistirán a las primeras filas de los cinco conciertos, aunque ello signifique endeudarse por los próximos años.

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