Curanderos mayas no cobran para poder curar

Curanderos mayas no cobran para poder curar
Mérida, 31 Agosto 2014.-
Con 71 años a cuestas, 41 de los cuales dedicó a la educación indígena, Valerio Canché Yah se niega a dejar que se pierda la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones de mayas, pero ahora lo hace como sabio y curandero.

Las marcadas líneas de expresión en su rostro parecieran recordar las largas jornadas que ha pasado dedicados al estudio de la cosmovisión, de la religión maya, a las cuales aprendió a conocer, amar y respetar gracias a las enseñanzas de sus abuelos.

Padre de siete y abuelo de 14, el maestro Canché Yah lamenta el poco interés, casi nulo, de los jóvenes por convivir con los viejos y en especial, asumir la responsabilidad de ser un J-men y poder ayudar a curar el alma y cuerpo de los hermanos de raza.

Esto, según explica, ya que esta es una tarea que está vedada para quienes quieren ser ricos.

J-Men y maestro jubilado, el anciano maya es uno de las casi 200 mil personas de la tercera edad que viven en Yucatán, o de los 11 millones del país que tienen más de 60 años, pero que con dedicación y amor a su cultura ha podido sacar adelante a su familia.

Su arraigo a la tierra, primero, y luego su dedicación como docente, lo ubica en un selecto grupo de personas lejano a la pobreza multidimensional como indica el Coneval en que vive más del 40 por ciento de los adultos mayores, y tampoco forma parte del 26 por ciento de quienes tienen que vivir en casa de los hijos.

De andar ligero y vigoroso, Don Valerio se desplaza con libertad, también lejano al 31 por ciento de la población de 60 años o más que padece de anemia en Yucatán o del 23 por ciento que es analfabeta.

Sin embargo, padece un dolor y este es emocional, porque los jóvenes no quieren arraigarse a su tierra, no quieren conocer cómo se cultiva la tierra, como se cuidan las plantas medicinales, cómo se cuida y cura al hermano enfermo.

Desde muy joven, explicó, me dediqué a estudiar a mi cultura. A partir de 1997 fue de lleno y eso me permitió convertirme en un J-Men, que es una tarea sagrada, porque nuestra labor es curar a las almas enfermas, para las cuales en ocasiones combina conocimiento herbolarios con espirituales.

Presidente del Consejo de Ancianos y Sacerdotes Mayas, recuerda “a un hermano recién fallecido” el cual realizó la “práctica espiritual” durante 50 años, y “murió como vivió toda su vida, en su casita, hecha con apoyo del Fonden y en la pobreza”.

Tal vez es una de las razones por las cuales los jóvenes no quieren ser J-Menes, porque el verdadero J-Men está dedicado al servicio comunitario, no vive de esta práctica, sabe que no se puede ser rico y si pone una tarifa, entonces el efecto de su sanación no es completa.

El charlatán, dijo, si se hace de dinero, llega a ser rico, pero no cura y un verdadero médico maya cura enfermedades importantes, eso lo saben, pero ellos sólo reciben lo que el paciente quiere o puede darle, con eso el efecto de su curación es efectivo.

«Los jóvenes de hoy ya no quieren aprender de sus abuelos, de sus padres, -yo tengo dos hijos que me acompañan porque están aprendiendo sobre la sacralidad de los religión maya- sólo quieren vivir bien, acumular riquezas, cuando un J-men lo que busca es vivir tranquilo.

La juventud de ahora, insiste, está muy desorientada; en las escuelas ya no existe el interés por fomentar los valores, por fomentar la identidad, por el respeto a la diversas culturas, por respetar la forma de los pueblos, por solucionar sus problemas; esas son las fallas que también tiene nuestro modelo educativo.

Para don Valerio, como suelen llamarle sus conocidos, este valor a la cosmovisión de la cultura maya ha permitido que en temas de salud mental, puedan ayudar a mejorar el estado emocional de los pacientes, ya que el elemento fundamental es la búsqueda de su armonía con el entorno que le rodea.

Un pequeño portafolio lleno de carpetas y papeles forma parte de su persona en los que lleva parte de la sabiduría acumulada por años y que le permite estar listo para hablar ante cualquier público, como lo saben hacer los ancianos mayas: de tradiciones, de mitos, de cosmovisión, del maya antiguo y del contemporáneo. (NTX)

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