Cristo es salud y vida

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Domingo XIV ordinario

    Dinámica Pastoral UNIVA

    Jesús llama a todos los que padecen el dolor del mundo para que encuentren en él consuelo y gloria

Mérida Yucatán a (06/JUL/2014).- En este domingo décimo cuarto ordinario del año, Jesús, Maestro de sabiduría divina, deja una lección clave para sus discípulos; para todos los de entonces, los de después y para los que ahora lo busquen y quieran seguirlo: la sencillez, la humildad.

Cristo va a abrir su reino, mas no con los sabios de su tiempo, tampoco lo hará con los doctores del judaísmo.

Allí con Él están los afligidos, los simples, los sencillos. La medida de toda elevación es la medida de la humildad. Es la virtud que brilla en todos los momentos de la vida de Cristo, y la verdadera manera de ser discípulos es despojarse de toda jactancia y de virtudes aparentes. El cristianismo tiene como fundamento el misterio de Dios que se hace hombre, y éste es el camino de descenso más grande que puede haber, porque siendo Él infinito, se hace tan limitado que está envuelto en sencillos pañales y recostado en un pesebre; es omnipotente, y aparece débil, pequeño, en brazos de su madre; es eterno, y al asumir la naturaleza humana está condicionado al tiempo, para permanecer en el tiempo menos de cuatro décadas; es inmortal e impasible, porque es Dios, y acepta padecer y morir porque así libera a la humanidad de la muerte eterna.

Cristo se presenta como modelo para sus discípulos, para todos los que quieran seguirlo, y si lo quieren seguir habrán de imitarlo.

No hay virtud que no tenga su fundamento en la humildad.

La fe no es posible sin una vivencia profunda de la propia negación personal.

La esperanza, docilidad a la voluntad divina.

La caridad es amor a Dios, es amor al prójimo por Dios.

La Iglesia es la comunidad de los fieles que creen en Cristo, que buscan a Cristo, que siguen a Cristo, que se esfuerzan por vivir las enseñanzas de Cristo, que esperan la salvación en Cristo y que buscan refugio en Cristo en las difíciles horas de angustias, de temores, de cansancio y de confusión.

Cristo llama hacia Él. Quien llega hasta Él encuentra la fuente de la vida.

Cristo es salud y vida.

José Rosario Ramírez M.

LA PALABRA DE DIOS

• PRIMERA LECTURA:

Zacarías 9, 9-10

“Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso”.

• SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los romanos 8, 9. 11-13
“El que resucitó de entre los muertos a Cristo vivificará también sus cuerpos mortales”.

• EVANGELIO:

San Mateo 11, 25-30

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”.

Un yugo muy diferente

El texto evangélico de este domingo nos dice con prontitud en palabras de Jesús: “Carguen mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso”. Para la mayoría de las personas el término «yugo» ya no es algo común, y cuando éste se entiende se presta a una connotación de esclavitud, ya que era utilizado para las labores de campo, puesto sobre los animales para que éstos tiraran del arado o de los diversos instrumentos de labranza.

Pero en Jesús adquiere un nuevo sentido, que irónicamente es netamente liberador, cuando se habla de subyugados, se trata, sobre todo, de cargar con el yugo de Jesús. Mejor dicho, se trata de dejarse subyugar por Cristo y el evangelio. Esta palabra, «subyugar», expresa a las mil maravillas el profundo sentido evangélico de las palabras de Jesús, pues cuando el yugo es el amor, el único que puede cargar con el yugo es el enamorado. No se trata en consecuencia de cargar con nada, sino de hacerse cargo del amor de Dios para realizarlo en y con los hermanos, con todos los hombres. Sabemos muy bien que, para el que ama, todas las obligaciones están de más. No hace falta que nadie le diga qué tiene que hacer, pues se lo dicta su corazón. Y también sabemos que, cuando falta el amor, todas las leyes son insuficientes.
Por eso el evangelio es algo muy sencillo, tan sencillo como amar. Y por eso es sólo para gente sencilla, para los que se dejan llenar del amor: enamorarse y no especular con los sentimientos. Ser cristiano es dejarse llenar del amor de Dios y rebosarlo en los hermanos. Eso es todo.

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